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Posts Tagged ‘Los Salmos’

Estimados lectores, les quiero traer su atención a mi nueva traducción de Juan Calvino.

 

Un extracto del Prefacio de Juan Calvino de su comentario sobre el libro de los Salmos

 

Donde Calvino testifica sobre la perfección del Salterio sobre cualquier otro libro

 

Se encuentra en mi sitio:

 

http://www.presbiterianoreformado.org/doctrina/CalvinoSalmosSuperior.php

El comentario sobre los Salmos por Juan Calvino

                       El comentario sobre los Salmos por Juan Calvino

Pueden comentar DESPUES de leerlo en este blog.

 

Gracias por su atención.

 

En Cristo,

Edgar A Ibarra Jr.

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Cristo En Los Salmos*

por el Catedrático Rev. R. A. Finlayson (1895-1989)
de la Iglesia Libre de Escocia en Edimburgo
(siendo un fragmento de su obra)

Los Salmos en el Hebreo Original

¡Qué impresión tan grande debe haber hecho oír a Jesucristo cantar sus propios Salmos! ¡Eran suyos, inspirados por Su Espíritu; y llenos de sus más profundas experiencias! Él mismo los había cantado, y solía ir a la sinagoga donde el cántico era únicamente de Salmos sin acompañamiento (musical). Me imagino que la congregación los cantaba, como lo hacemos nosotros frecuentemente, con poca emoción por lo que se canta. Pero para Él, dichos salmos recelaban una profunda experiencia, lo que estaba sufriendo; y arrojaban la luz que alumbraba la sena que estaba recorriendo.

Incluso en la última Pascua, leemos que entonaron un himno. Ese himno fue indudablemente el gran “Hallel” (Aleluya), cantado después de cada Pascua – los Salmos 114 a 118 – y el Señor cantó el gran “Hallel” como nunca se había hecho, porque Él era el Primogénito para quien no habría escape; es decir el primogénito de la nueva familia de Dios. Y mientras se celebró la Pascua, con el correr de las edades, el cordero pascual detuvo la acción de la espada vengadora. Pero entonces, la suspensión de dicha acción ya no tendría lugar. Cristo vino, sabiendo que era el último Cordero para el último sacrificio, y que Él debía enfrentarse a la espada vengadora. Y sin embargo, Él cantó con profundo conocimiento de lo que Él estaba sufriendo.

Creo que esto es lo más conmovedor de los Salmos: que hayan sido cantados por el Señor Jesús, que hayan sido inspirados por su propio Espíritu, que los cantó con conocimiento de su contenido, y de lo que significaban para Él, y que lo hizo con un entendimiento que iluminaba la sena que estaba pisando.

Puede que los salmistas no siempre hayan entendido en forma cabal, las implicaciones de lo que habían escrito o cantado. A veces se trataba de un testimonio del mismo Dios vivo, en su propia experiencia, y en dicho testimonio se encontraron con el sufrimiento, con la privación y tristeza. Y fue en las profundidades de su propio sufrimiento, que tomaron contacto con los más hondos padecimientos de su Mesías. Fueron atrapados en la vorágine de su incomparable tristeza. Y lo que empezó como una ocasión de lamento, expresión de su propio destino, terminó como una explosión gloriosa de portento de los más grandes padecimientos de su Mesías. David, el dulce cantor de Israel, a menudo cantó al Hijo Mayor del gran David, el Señor de Gloria. Sin embargo, con Cristo fue siempre diferente. El mismo reconoció su fisonomía en estos salmos, y a manera de un espejo dio su propia imagen, a menudo manchada, a menudo desfigurada; y se reconoció en su misión, en su sufrimiento, en su eventual triunfo. Él utilizó estos salmos en medio de su tragedia, para consolar a su propio corazón, y en su resurrección, los empleó para iluminar las mentes de sus atribulados discípulos.

Los salmos constituyen así, en un sentido real, la autobiografía de Jesús, escritos por la inspiración de su Espíritu, demostrando las más profundas experiencias de su alma, los más hondos pensamientos de su corazón, mientras recorría la senda de su humillación, de la abnegación, del sacrificio en pro de nosotros, hombres y mujeres, para forjar nuestra salvación.

Los salmos eran las radiografías del calvario; «sombras únicamente» dicen algunos «de las cosas venideras». Es verdad que una radiografía no es sino la sombra que se obtiene en placas preparadas químicamente. No obstante, revela la historia interna del dolor humano, de la enfermedad del hombre, de sus achaques, de sus dolencias. Revela mediante una sombra, lo que el ojo humano jamás podría ver. De la misma manera los salmos de David son verdaderas sombras, obtenidas en placas verdaderamente divinas, las cuales nos dejan ver los secretos de la historia de la Cruz; de la experiencia íntima del Salvador, de la tristeza, del padecimiento, de la angustia y desgracia de aquel que entregó su alma a la muerte en favor de nosotros, para nuestra salvación.

Cantémoslos con emoción. Él los cantó con emoción. Cantémoslos con entendimiento claro, con sabiduría, porque el Espíritu que los inspiró los ilumina. Cantémoslos con admiración, con asombro, puesto que es una maravilla que podamos emplear las palabras que El mismo utilizó, y sentir algo de la ternura de su alma, a medida que participamos de sus sufrimientos; y permanecer por un momento a la sombra del Calvario, para ver, en la oscuridad, la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. El aliento de Cristo se advierte en ellos de principio a fin, y cuando los cantamos, poseídos de su espíritu, con su entendimiento, con su sensibilidad, encontramos que el aliento celestial penetra en nuestras almas con todo su calor y efecto curativo. Cantémoslos como quienes tienen sensibilidad, como quienes entienden; y como quienes realmente los experimentan.

*Articulo tomado del Salterio, Salmos para Cantar.
El Salterio de la Iglesia Evangélica Presbiteriana del Perú, publicado en 1998.

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