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firmando el pacto

Un breve resumen de los principios de la Segunda Reforma

 

La Segunda Reforma aplicó los principios de la Palabra de Dios tanto a la Iglesia como a la Nación. Escocia prosperó bajo la bendición de Dios como consecuencia. Lo siguiente son algunos de los principios claves afirmados y defendidos durante este período.

 

  1. La Autoridad Suprema de la Palabra de Dios en todos los asuntos de la fe, la adoración, el gobierno y la práctica.
  2. El Principio Regulador de Adoración. La adoración sólo debe incluir lo que Dios ha designado en Su Palabra. Debemos excluir de la adoración todo que Dios no ha designado en Su Palabra.
  3. La Uniformidad. Debería haber una sola forma de doctrina, adoración, gobierno y práctica según las Escrituras.
  4. El Señor Jesucristo es el único Rey y Cabeza sobre la iglesia. Ha remitido el gobierno de la iglesia a los pastores y a los ancianos gobernantes. El estado no tiene derecho de interferir en esto.
  5. Las naciones y sus gobernadores deben ser sujetos a Dios y reconocerlo a Él y a Su ley. Tienen una obligación de Dios de apoyar a la iglesia de Cristo.
  6. El deber de las naciones es de hacer un pacto con Dios y la obligación vigente de estos pactos o convenios religiosos.
  7. Debemos conservar y sostener firmemente cualquier reforma ya alcanzada. Debemos avanzar en la reforma y animar a otros con el trabajo de reforma hasta lo que sea posible.
  8. La Reforma personal en santidad y piedad según la Palabra de Dios.
  9. La Reforma de la familia según la Palabra de Dios. Esto sobre todo implica adoración de la familia diaria y enseñar a los niños el catecismo sobre la verdad bíblica.

 

 

Traducido por Edgar Ibarra

del sitio: http://www.reformationscotland.org/second-reformation-principles/

 

 

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7 Diferencias entre el Preterismo Parcial y el Historicismo Posmilenialismo

Destruction of Jerusalem by Ercole de' Roberti

La destrucción de Jerusalén por los Romanos en 70 A.D. — pintura por David Roberts (1796-1849).

 

Por Carlos González
Traducido por Edgar A. Ibarra

 

 

1.El Milenio

Los preteristas creen que el milenio figurativo comenzó con la primera venida de Cristo y que va terminar con su segundo venida, antes del tiempo pequeño de Satanás, o después del tiempo pequeño de Satanás.

Los historicistas creen que el milenio comenzara en el futuro cuando todas las naciones sean convertidas, el papado y el Islam destruidos y la salvación de los judíos cumplida. Cuando los 1.000 años (literal o figurativo) sean cumplidos, Satanás será soltado por un tiempo pequeño, cual terminará con la segunda venida de Cristo.

 

2. El atamiento de Satanás

Los preteristas creen que Satanás fue atado con la primera venida de Cristo para que el evangelio pueda ser predicado a todas las naciones.

Los historicistas creen que Satanás fue atado con la obra de Cristo en la tierra y continuará atado por la difusión del evangelio. Satanás será totalmente atado cuando todas las naciones sean convertidas, introduciendo el milenio.

 

3. El Reino de Dios

Los preteristas creen que el reino de Dios es sinónimo con el milenio (el periodo entre la primera y la segunda venida de Cristo).

Los historicistas creen que el reino de Dios fue dado a Cristo en Su primera venida y es ahora presente pero no es el mismo como la edad futuro milenio de oro de la paz, aunque se superpone.

 

4. La gran tribulación

Los preteristas creen que la gran tribulación comenzó en el primer siglo y termino en 70 A.D., cuando Jerusalén fue destruido.

Los historicistas creen que la gran tribulación comenzó en el primer siglo y terminará cuando todas las naciones sean convertidas y el milenio comience.

 

5. La bestia de Apocalipsis

Los preteristas creen que la bestia fue la Roma política con el Emperador Nero siendo su representativo. Roma no es un cumplimiento directo del hombre de pecado o del anticristo. Los preteristas están en desacuerdo sobre quien es el hombre de pecado y que el anticristo representa cualquiera que niega a Cristo. El hombre de pecado puede ser un oficio como los fariseos o el concilio guiado por Anás.

Los historicistas creen que la bestia es la oficina del papado y que también aplica a Islam (los dos cuernos del anticristo). El papado es el anticristo, el hombre de pecado y la bestia del Apocalipsis. Creen que hay muchos anticristos (como los testigos de Jehová y los mormones) pero que el papado es “EL” anticristo.

 

6. El libro de Apocalipsis

Los preteristas creen que la mayoría de las profecías en Apocalipsis han sido cumplidas dentro el primer siglo.

Los historicistas creen que el Apocalipsis es sobre la historia progresiva de la iglesia comenzando con el tiempo del Apóstol Juan hasta el estado eterno, igual como las profecías en el libro de Daniel.

 

7. El discurso de olivos

Los preteristas creen que las profecías en Mateo 24:1-34 han sido cumplidas. Jesucristo estuvo hablando de los acontecimientos que condujeron a e incluyo la destrucción de Jerusalén en 70 A.D., cuando Cristo vino espiritualmente a juzgar Israel. “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” La generación a cual Jesucristo estuvo hablando fue de la generación de los discípulos del primer siglo.

Los historicistas están de acuerdo que “esta generación” es la generación de los discípulos del primer siglo y fue una predicación de la destrucción de Jerusalén. La venida del Hijo del Hombre (versos 27-31) para los historicistas es un tipo de paréntesis en el texto, que no se cumplió en el primer siglo. Es una referencia a la segunda venida de Cristo en contraste de la venida de falsos cristos.

 

 

A saber nosotros tomamos la postura del Historicismo Posmilenialismo.

 

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La Biblia Septuaginta, el Antiguo Testamento, tu Biblia de hoy y los Himnos

El Libro de los Salmos en Hebreo y en el Griego

El Libro de los Salmos en Hebreo y en el Griego

por Edgar A Ibarra Jr.

«Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían» Lucas 24:27.

« Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas»  Hechos 6:2.

« Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así»  Hechos 17:11.

Cuando leemos en el Nuevo Testamento (NT) que Jesucristo y los varios apóstoles hacen referencia a las Escrituras o la Palabra de Dios, ¿pensamos en ese momento a qué Escrituras o Palabra se refieren?  ¿Cuáles fueron las Escrituras que Jesucristo hace referencia? Muchos contestan bien, el Antiguo Testamento (AT).  ¿Y qué con los apóstoles? Lo mismo ¿verdad?

Miren Hechos 17:11 que sito arriba. El autor, Lucas, hace referencia a los de Berea.  ¿Quienes fueron y de dónde?  Berea, que ahora se llama Veria, era una ciudad griega situada aproximadamente a 73 km de Tesalónica. Desde el relato bíblico, sabemos que Berea era una ciudad tanto de judíos como gentiles, porque había una sinagoga judía.  ¿A qué Escrituras escudriñaban cada día para ver si estas cosas eran así?  Claro las únicas que existían en ese día, el Antiguo Testamento.  Pero un momento.  La mayoría fueron griegos.  ¿Cómo pues leían el AT?  ¿Qué no estaba escrita en el hebreo?  No. No fue en el hebreo. El AT que se usaba en la Iglesia, y la que usaba el Apóstol Pablo no fue de idioma hebreo, sino la Biblia griega, comúnmente llamada Biblia Septuaginta o Biblia de los Setenta (Μετάφραση των Εβδομήκοντα), y generalmente abreviada simplemente LXX.  Esta fue la versión que usaba la Iglesia y la que el NT cita cada vez cuando cita versos del AT.  Se tiene que recordar que el griego fue el idioma  universal de esos tiempos. Además los judíos de Israel no hablaban solamente hebreo sino también el arameo, incluso Jesucristo.  Los libros del NT fueron escritos en el griego común y los gentiles conversos a la religión judía (Mat. 23:15) utilizaban la Septuaginta, la Biblia completa de aquel entonces.

Así que cuando el NT hace citas bíblicas del AT, no se refiere al AT en su idioma original, el hebreo, sino a la traducción griega, la traducción que se usaba comúnmente y en todas las sinagogas y después en las Iglesias.  Por eso muchas citas en el NT del AT no son totalmente exactas, porque no son citas del hebreo sino del AT en griego, la Septuaginta.  Por ejemplo Hechos 2:25-28 comparado con Salmo 16:8-11.

La influencia de la traducción Septuaginta persiste hasta hoy en día.  Los primeros cinco libros del AT llamado los libros de Moisés, estos títulos de los libros NO son del hebreo sino de la Septuaginta.  En el hebreo original, los primeros cinco libros tenían como sus títulos la primera letra de la primera palabra del libro.  Pero los traductores de la Septuaginta cambiaron los títulos totalmente y en vez de usar la primera letra de la primera palabra de cada libro como el titulo, nombraron cada libro según su tema.  Así que:

Génesis es del griego.  En hebreo es Bereishit.

Éxodo es del griego. En hebreo es Shemot.

Levítico es del griego.  En hebreo es Vayikra

Números es del griego.  En hebreo es Bamidbar

Deuteronomio es del griego.  En hebreo es Devarim

Los libros históricos no fueron divididos como 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes, 2 Reyes, 1 Crónicas, 2 Crónicas, sino combinados.  Los de Samuel fue simplemente Shemuel.  Los de los Reyes Melakhim y los de Crónicas Divrei Hayamim.
Los libros poéticas o los de sabiduría, como los judíos llamaban esta sección:

Los Salmos fueron Tehillim

Los Proverbios fue Míshlê Shlomoh.

Eclesiastés, del griego ekklesia (Iglesia) fue Qoheleth

El Cantar de los Cantares fue Shir Hashirim

Hay más ejemplos, muchos más, pero creo ya tienen la idea, ¿no?

Así que el AT que usamos hoy en día es una mezcla del hebreo, arameo y del griego y no una pura traducción del hebreo y arameo.  Es muy importante saber esto por varias razones.  Y ahora voy a mostrar una de estas razones.

En el debate moderno (porque antes no fue controversia) sobre la salmodia exclusiva, muchos apelan a Efesios y Colosenses para defender su uso de himnos y cánticos compuestos por hombres sin la inspiración del Espíritu Santo.  ¿Pero realmente encuentran refugio y defensa para su práctica en estos versos?

Miremos los versos en español y luego en el griego.

«… hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones…»  Efesios 5:19.

«…λαλοῦντες ἑαυτοῖς [ἐν] ψαλμοῖς καὶ ὕμνοις καὶ ᾠδαῖς πνευματικαῖς, ᾄδοντες καὶ ψάλλοντες τῇ καρδίᾳ ὑμῶν τῷ κυρίῳ…»  Efesios 5:19 en el idioma original del griego.

« La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales»  Colosenses 3:16.

« ὁ λόγος τοῦ Χριστοῦ ἐνοικείτω ἐν ὑμῖν πλουσίως, ἐν πάσῃ σοφίᾳ διδάσκοντες καὶ νουθετοῦντες ἑαυτοὺς ψαλμοῖς, ὕμνοις, ᾠδαῖς πνευματικαῖς ἐν [τῇ] χάριτι ᾄδοντες ἐν ταῖς καρδίαις ὑμῶν τῷ θεῷ:»  Colosenses 3:16 en el idioma original del griego.

He subrayado las palabras griegas para salmos (ψαλμοῖς), himnos (ὕμνοις) y cánticos (ᾠδαῖς ) espirituales (πνευματικαῖς).

Como dije antes, el libro que conocemos como el libro de los Salmos no es el titulo original del hebreo, sino del griego.  En griego se llama: ΨΑΛΜΟΙ

Cuando Pablo dice que cantemos con salmos, himnos y cánticos él se esta refiriendo a y solamente a los 150 Salmos.  Estas palabras se encuentran en los títulos de algunos Salmos y su audiencia lo sabía porque como he explicado y mostrado usaban el AT griego.  Como voy a mostrar abajo el libro de los Salmos en hebreo se llama «alabanzas» o «himnos», palabras intercambiables.  Sea el judío o el griego/gentil ellos sabían sin duda que al libro de los Salmos es que se refiere Pablo. La idea moderna, es eso, moderna y nueva que himnos significa «cánticos escritos por el hombre sin la inspiración divina del Espíritu Santo para ser ofrecido en el culto».   Para nada se sabía ésta definición en la Iglesia del NT y en los tiempos de los Apóstoles tal definición.  Ni indicación, ni un rasgo de tal.  Claro que ellos sabían que los paganos escribían himnos a sus dioses, pero que la Iglesia lo hiciera, era extraño ya que Dios había dado Su propio himnario. Ahora voy a mostrarles la prueba que «salmos, himnos y cánticos» se refiere solamente y únicamente al Salterio.

Pergamino del hebreo y el griego

Pergamino del hebreo y el griego

 

Ahora miren el Salmo 81:1, el titulo del Salmo en español y luego en el griego:

Salmo de Asaph.

 

En el griego:

Ψαλμὸς τῷ ᾿Ασάφ.

Miren que es el mismo en el griego del AT como en el griego del NT.

Ahora miren el titulo del Salmo 61:1.
Al Músico principal: sobre Neginoth: Salmo de David

En el griego:

εἰς τὸ τέλος ἐν ὕμνοις τῷ Δαυιδ

Miren que en el griego la palabra ὕμνοις  es la misma que aparece en Efesios y Colosenses.  En el griego se lee como «himno de David: ὕμνοις τῷ Δαυιδ » pero en español ha sido traducido como «salmo de David». ¿Por qué el cambio?  ¿Puede ser que himno y salmo son intercambiables y son sinónimos?

La palabra alabanza en el griego es ὕμνον, la misma palabra traducida como himno en el NT.  Así que himno y alabanza son las mismas palabras en el griego, ὕμνον. Cuando miramos alabanza en el AT es igualito a himnos.

Ahora el titulo de Salmo 4:1 en español:

Al Músico principal: sobre Neginoth: Salmo de David

En el griego:

εἰς τὸ τέλος ἐν ψαλμοῖς ᾠδὴ τῷ Δαυιδ

Noten la palabra ᾠδὴ es la misma palabra (declinada porque así cambian el tenso en el griego-en español conjugamos las palabras ¿no?) que se ve en Efesios y Colosenses: ᾠδαῖς.   Pero tanto importante es notar que en español NO se ha traducido ᾠδὴ, cual significa «cántico», en español se traduce como «salmo» y no «cántico»; se ignora como vimos con himno en el Salmo 61:1.  En el griego miran la palabra ψαλμοῖς, ya deberían conocer la palabra y es traducida al español correctamente: Salmo.  El griego literalmente dice traducido al español: «un cántico el salmo de David».

Ahora miren que los títulos de estos Salmos en el griego son referidos como «salmo», como «himno» y como «cántico».  Muy importante notar esto.  Cuando Pablo nos dice que cantemos con salmos e himnos y cánticos espirituales él esta haciendo una referencia DIRECTA al Salterio. Recuerden que los que recibieron estas cartas fueron gentiles, griego hablantes y ellos bien hubieran entendido que Pablo se refiere a los 150 Salmos y NO a otro himnario desconocido.  La prueba ya se los he mostrado.  Usaban la Septuaginta, la versión griega del AT y miramos que los títulos de algunos salmos se describen como himnos, o como cánticos, o como salmos.  El cristiano de hoy no tiene ninguna razón o derecho por medio de la Palabra de Dios de interpretar las palabras «himnos» y «cánticos» como canciones compuestos por hombres sin inspiración del Espíritu Santo.  O sea con las definiciones en moda en nuestro idioma de hoy.  No hermanos, cuando uno lee la Biblia o cualquier libro se tiene que definir las palabras tal y como el autor los define.  En este caso el autor es el Espíritu Santo por medio del Apóstol Pablo.  ¿Nos atrevemos ir a Su contra y re-definir lo que Dios ya ha definido?  ¡Temeroso pensarlo!

La Septuaginta en español

La Septuaginta en español

¿Pero qué con el hebreo?  ¿Que significa el titulo original de éste libro de Salmos en el Hebreo que NO se usa en las Biblias de hoy?

En hebreo el titulo del libro que llamamos «Salmos» es  Tehillim, תְהִלִּים, la traducción literal sería «alabanzas» o «himnos».

Si miramos a Efesios 5  y Colosenses 3 y buscamos las palabras equivalentes del griego al hebreo serían: mizmorim מִזְמוֹר (salmos), tehillim תְהִלִּים (himnos) y shirim םיריש (cánticos).    Cuando buscamos en el idioma hebrea la palabra himnos, en el Salterio se encuentra himnos como títulos. También cánticos. Los mismos títulos.  Así que no puede ver ninguna duda que cuando Pablo dice que cantemos «salmos, himnos, y cánticos» se refiere directamente al Salterio y no a otro himnario.

Cuando dice en Mateo 26:30 y Marcos 14:26 que Cristo y sus discípulos habían cantado un himno, otra vez se refiere al Salterio.  Durante la pascua eso es lo que cantaban, los Salmos.  Específicamente la parte del Salterio conocido como el «Hillel» o sea los Salmos 113-118.  Hasta algunas iglesias de hoy, durante la Santa Cena cantan Salmos de esa sección.

Ahora reconozco que esto será nuevo para muchos.  Sin embargo no ha sido nada nuevo para la Iglesia Protestante, en particular la rama conocida como «reformada» o «calvinista».  Los teólogos y pastores de los primeros 400 años fueron unánimes que en Efesios 5 y Colosenses 3 Pablo habla del Salterio.  Y esto NO solamente los presbiterianos.  También los bautistas, los independientes y los congregacionalistas enseñaron lo mismo.  Aquí les paso unos ejemplos de entre una multitud.

John Cotton (1584-1652), un pastor y teólogo congregacionalista en Nueva Inglaterra:
«En ambos lugares, Efe. 5:19 y Col 3:16, en cuanto el apóstol nos exhorta a cantar, así nos instruye sobre que materia consiste nuestro cantar, a saber los Salmos, himnos, y cánticos espirituales.  Ahora estos son los mismos títulos de los canciones de David, tal y como fueron dados a nosotros por el mismo Espíritu Santo: algunos son llamados Mizmorim, o sea los Salmos; algunos Tehillim eso es himnos; algunos Shirim, eso es cánticos, cánticos espirituales.  ¿Qué razón se puede dar sobre por qué el Apóstol nos dirige en nuestro cantar a los mismos títulos de los Salmos de David, si no fuera su intención que nosotros deberíamos cantarlas?…La palabras de David y de Asaph, como si fueran las palabras de Cristo en la boca de David y de Asaph; así también fueron las palabras de Cristo en las bocas de los hijos de Coré, o cualquier otros cantantes en el Templo.»

Thomas Manton (1620-1677), puritano presbiteriano inglés y teólogo en la asamblea de Westminster comentando sobre Efesios 5:19 dice:

«Que el erudito observe, que estos son los títulos mismos de los Salmos de David, mizmorim, tehillim, y Shirim, cual la Septuaginta traduce como psalmoi, humnoi, y odai o sea ‘salmos, himnos y cánticos’, y aparece que nos recomienda el libro de los Salmos de David.»

John Flavel (1628-1691), puritano presbiteriano inglés y teólogo popular:

«Tu anabautista…se encuentran en un negligencia pecaminosa  en negar una ordenanza evangélico dulce y celestial, hablo del cantar los salmos, por la cual tienes ambos precepto y precedente en el evangelio, Col 3:16, Santiago 5:13, 1 Cor. 14:26.»

Dr. John Gill (1697-1771), bautista inglés, comentando sobre Efesios 5:19:

«Por los salmos se entiende los Salmos de David, y otros que forman el libro que va por ese nombre; y por himnos debemos entender, no tales que son compuestos por hombres buenos, sin la inspiración del Espíritu Santo; tanto como son puestos entre las palabras salmos y cánticos espirituales, son obras escritas por hombres bajo la inspiración del Espíritu Santo…pero estos son solamente otro nombre para el libro de los Salmos, cuyo título también se puede decir es el libro de Himnos…y por cánticos espirituales se entiende también como los Salmos de David, Asaph, etc., y los títulos de muchos de estos son ‘cánticos’…Estas tres palabras son traducidas del Mizmorim, Tehillim, y Shirim…los varios títulos de los Salmos de David…»  Énfasis mía.

Hermanos no queda duda y no hay ninguna escusa bíblica para negar el cantar los Salmos exclusivamente.  Tenemos el precepto apostólico, Jesucristo mismo lo hizo, y Dios lo manda en Su propio himnario.  No hay ninguna justificación bíblica para escribir nuestros propios himnos para utilizarlos en el culto hacia Dios y si no hay tal ejemplo, mandato o precepto, es prohibido hacerlo.  Cuando lo hacemos estamos declarando que el Salterio, o sea LA PALABRA DE DIOS, no es suficiente y no cumple lo que queremos. Hermanos, ¿a qué conclusión puedes llegar si ésta es la motivación para componer nuestros propios himnos para ofrécelos a Dios?  Creo que queda claro.

Hermanos reconozco que es muy duro dejar himnos queridos y que estimamos buenas.  Yo mismo simpatizo con eso ya que yo cantaba himnos una vez.  Pero Dios nos pide que seamos obedientes hacia Él y eso es nuestro fin, ¿no?  Les pido que oren mucho sobre esto porque realizo que es duro.  Invito sus comentarios y preguntas.

Soli Deo Gloria por medio de Sola Scriptura

Para más información sobre la Septuaginta miré este artículo breve sobre la historia de la Septuaginta:

http://www.allabouttruth.org/spanish/septuaginta.htm

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Una lista de los Estándares de las Iglesias Reformadas de los siglos 16-17 se encuentran aquí, pero no tengo los documentos para todos. Algunos todavía tienen que ser traducidos al español. Los que están son traducciones del original y nunca de las versiones norteamericanas, cuales fueron cambiadas para reflejar los ideales norteamericanas en vez de lo que dice la Biblia. También tenemos TODOS los Estándares que fueron producidos por la Asamblea de Westminster.

http://www.presbiterianoreformado.org/estandares/Estandares.php

Espero que sean de bendición para todos.

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El 31 de octubre se celebra el día de la reforma.  En 1662 el 31 de octubre la Iglesia de Escocia sufrió un gran golpe de parte del Estado cuando expulsaron a cada ministro presbiteriano que mantuvo su promesa y lealtad al Pacto y Liga Solemne.  Fue un día de gran tristeza y sufrimiento.  Esto inició una época de persecución muy severa en Escocia reconocido como ‘The Killing Times’ o ‘Los Tiempos de Mantanzas’.  Estos ministros e Iglesia se conocen como los ‘Covenanters’ o Pactantes.  Gracias a Dios, Él guardo a Su Iglesia y los ‘Covenanters’ permanecen hoy en día como ‘The Reformed Presbyterian Church (RPC)’.  Existen en Escocia, Irlanda, Norte América, Australia y Sudan del Sur.   Es una denominación en cada una de estos países.

Se planea establecer la primera congregación de los ‘Covenanters’ o RPC en Latinoamérica en México, D.F. muy pronto si Dios permite.

 

Expulsando a los Ministros – 1662 d. C.

Capitulo 25

Tomado del libro:

Historia de los Pactantes Escoceses

Por J. C. McFeeters

La ejecución del Rev. James Guthrie, 1661.

La ejecución del Rev. James Guthrie, 1661, por predicar contra la prelacía.

“La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”.  En el martirio de Argyle y de Guthrie la sangre de la mejor calidad había sido derramada, y la semilla más preciosa había sido sembrada.  Por lo tanto, la cosecha ciertamente será grande, el campo dará fruto a ciento por uno.

La fidelidad de Argyle y de Guthrie, su devoción a Cristo y al Pacto, volvió aparecer en centenares de nobles y en centenares de ministros por todas partes de Escocia. ¿Cómo, querer intimidar y subyugar a los Covenanters con martirio de sus líderes principales? Pero sus enemigos malentendieron sus intenciones y subestimaron su fuerza, desconociendo los principios inmortales del Pacto que los sobrellevaba en el servicio del Señor, no estimando preciosas sus vidas por amor a Cristo. ¡Los Covenanters intimidados! ¿Acaso desfallecerá el sol y menguará bajo los vientos fuertes? ¿Se marchitará el roble en la pérdida de unas pocas ramas? ¿Retrocederán los veteranos ante el primer disparo? Más bien ¿no será despertado el espíritu de combate?

Para este tiempo los Covenanters llegaban cerca de 1,000 ministros, y cerca de 100,000 comunicantes. Ellos tenían 900 congregaciones. Los ministros no eran todos firmes; la levadura de acomodamientos había estado trabajando; la mitad de ellos habían llegado a ser más o menos infectados. Ellos se habían debilitado en el Pacto y se habían rendido al Rey Carlos bajo su administración despiadada. El remolino político en sus círculos externos los estaba atrayendo lenta y sin embargo ciertamente hacia su torbellino horrible.

Los tiempos de sacudimiento habían llegado para los Covenanters. Dios sabe cómo sacudir Su cedazo para limpiar el trigo. Él no busca tamaño, sino calidad. Los números no son nada para El; el carácter es todo lo que importa. Le gustaría tener más bien a Gedeón con 300 hombres que cuadrasen con la regla, que treinta regimientos fuera de la regla. Él eligió más bien una décima parte de Israel que el todo, y cernió la nación en el cedazo de Nabucodonosor para separar el buen trigo del inferior.

La Iglesia Pactante llegó a sobrecargarse con paja, heno, hojarasca y con granos enjutos, y con meollos quebrados – a saber con niveles bajos de vida espiritual – y el Señor sacudió lo malo fuera de la Iglesia al grado que permanecer en ella era sumamente doloroso y difícil. La senda de la fidelidad estaba llena de dificultades. Dios hizo que el mantenerse leales al Pacto fuese peligroso y costoso. Los seguidores de Cristo fueron obligados a tomar la cruz y cargarla. Si desean ser leales a su Señor, ellos deben salir fuera del campamento, y llevar Su vituperio. Si desean mantener su conciencia pura, ellos deben aceptar burlas crueles, azotes, prisiones, destierros, y muerte. De esta manera Dios iba a separar para si «un pueblo propio, celoso de buenas obras». Los otros pueden ser de algún uso en grados, pero para prevenir una apostasía general y decadencia universal, Dios avienta el trigo.

¿Pero quiénes fueron echados fuera de la Iglesia Presbiteriana en el reinado de Carlos II? ¿No fueron los inflexibles, fuertes, e inconmovibles Covenanters? ¿Quiénes son éstos que han sido separados de sus hermanos, y arrojados como tamo ante el viento sobre los montes y praderas? ¿No son los defensores entusiastas de la fe Reformada? ¿No son los verdaderos soldados de Jesucristo? Para el ojo ingenuo, los escrupulosos, los grandes luchadores y estrictos Covenanters fueron arrojados fuera, mientras que los demás se quedaron en casa para distribuir la presa; el partido inestable y vacilante se quedó con la organización y con la Iglesia; el partido estricto sufrió la desintegración y fue desterrado. Pero tal vista es sólo superficial; más bien, es una visión ilusoria.

La Iglesia de Cristo no depende en la organización externa. Ella puede sobrevivir sin asambleas, sin presbiterios, o sin sesiones. Ella puede disfrutar la medida máxima del amor de Cristo sin capillas, sin multitudes, o sin propiedades eclesiásticas. Ella puede tener el poder y así prestar servicio a cualquier comunidad, sin ministros, sin ancianos, o sin diáconos.

Cuándo los Covenanters fueron expulsados por el perseguidor, la Iglesia Pactante salió al desierto, reclinándose sobre el Señor Jesucristo su Amado. Llevó consigo misma todas las cosas esenciales. Tenía la Biblia, el Pacto, la fe, los sacramentos, el Espíritu Santo, el amor de Dios, y la presencia del Señor Jesucristo. Los valles vinieron a ser sus lugares de adoración; los asientos de sus lugares de reunión eran de piedra, con púlpitos de roca, paredes de granito, el césped verde como alfombra, y sus techos el cielo azul. Una fila de piedras era su mesa sacramental, y el susurrante arroyo su fuente bautismal. Los montes estaban rodeados de huestes angelicales, y las praderas cubiertas con el maná del cielo; la bandera del amor de Cristo reposaba sobre estos adoradores, y la gloria de Dios llenaba el lugar. Tal fue la Iglesia de los Covenanters en los tiempos de la persecución.

El rey y sus consejeros en 1662 demandaron de la Iglesia Pactante lo que ningún Pactante (Covenanter) fiel y de gran respeto podría rendir. Las demandas en sustancia eran estas:

  • Que el juramento de la lealtad, que representaba la supremacía del rey sobre la Iglesia y el Estado, deberá ser tomado.
  • Que ningún ministro al predicar y orar hará mención de pecados públicos, ya sea cometidos por el rey o por su parlamento.
  • Que la administración de la Iglesia, hasta cierto punto en cuanto a su constitución será prelatica [Episcopal].
  • Que los edictos del rey y decretos del parlamento no serán cuestionados, aún a la luz de Palabra de Dios.
  • Que los ministros obedecerán estas demandas, o serán desterrados de sus hogares respectivos, parroquias, y presbiterios.

Tal fue el cedazo que filtró la obra. ¿Qué corazón leal podría soportar estos términos? ¿Qué ministro de Cristo, inclinado en preservar su honor y conciencia, podría retener el cargo de su iglesia? En comparación con el Pacto, todo incentivo terrenal era como paja podrida, en el juicio de aquellos cuyos ojos abrazaban el mundo de gloria y descansaban en el Señor.

Doscientos ministros Pactantes aceptaron calladamente la pena. En el último Día de Reposo de octubre 31, del año1662, ellos predicaron sus sermones de despedida. Las iglesias estaban llenas; el dolor del pueblo era indescriptible, gemidos de corazón prorrumpían en lamentaciones fuertes. «Nunca se había presenciado un día tan triste en Escocia como cuando estos desafortunados y perseguidos ministros se despidieron de su pueblo». Otros doscientos se mantuvieron firmes y lucharon en la batalla un poco más de tiempo. Estos fueron expulsados violentamente. Así ese estallido asolador derribó cuatrocientas congregaciones de Covenanters.

El ministro con su esposa y niños salieron en profunda tristeza de la agradable casa parroquial despidiéndose de su amoroso pueblo. Vínculos tiernos fueron rotos y el cariño sacrosanto fue sacrificado; los consuelos de la vida fueron abandonados, y la seguridad, el refugio, y provisiones dejadas atrás. El ministro podría haber retenido todo esto si su conciencia no hubiese sido tan sensible. Pero el siervo del Señor no puede ser sobornado. Ofrézcasele al ministro verdadero de Jesucristo dinero, comodidades, placeres, honores, casas, tierras – todo lo que el mundo puede dar para corromper la conciencia en su llamamiento, y lo único que dará a cambio será un desdén de desprecio que congelará la sangre.

Las tempestades invernales descendían sobre el hombre de Dios y sobre su familia desamparada, mientras que pasaban a través de la propiedad eclesiástica para no volver más. Ellos salieron, sin saber a donde se dirigían. La noche puede caer sobre ellos en un lugar triste; el día de mañana puede venir sobre ellos sin techo, sin alimentos, o sin fuego para calentarse. El invierno puede conducirlos a una cueva fría, donde posiblemente una generosa esposa de algún pastor los puede encontrar, y compartir sin quejarse con ellos su balde de leche y sus bizcochos de avena. Sufrieron con gozo el despojo de sus bienes por amor a Cristo. Estimaron mejor el vituperio de Cristo que las riquezas de Egipto.

Alexander Peden fue uno de esos ministros luchadores. El predicó hasta que fue forzado a dejar su púlpito. En el día de su servicio de despedida su congregación se hallaba envuelta de pesadumbre. Alexander Peden tuvo que refrenar los gemidos de la congregación una y otra vez. Bajando del púlpito después de que el servicio terminó, cerró la puerta del púlpito y lo golpeó tres veces con su Biblia, diciendo con gran énfasis, «Te mando, en el nombre de mi Maestro, que ningún hombre entre jamás, mas que sólo por la puerta como yo he hecho». El púlpito mantuvo ese mandato solemne; nadie entró allí hasta después de la persecución; permaneció vacío veintiséis años.

Los ministros prelaticos fueron enviados para suplir los 400 púlpitos vacíos, pero el pueblo se negó a oírlos. El tiempo de predicar por los campos había llegado; los conventículos por los montes y praderas llegaron a ser la costumbre de ese tiempo.

El ministerio del Evangelio de Jesucristo – ese río de Dios que alegra la ciudad del Señor – ahora había alcanzado los lugares escarpados donde fue esparcido sobre las piedras; pero continuaba fluyendo, e incluso aumentó en tamaño y fuerza. La predicación por estos ministros en lugares desolados era poderosa, apasionada, majestuosa, como voz de trueno entre los montes, que hacía temblar el reino. Grandes pruebas producen grandes hombres.

Vivimos en una época de pocas demandas. Los ministros ahora pueden tener púlpitos y salarios en términos fáciles. Ellos pueden guardar una buena conciencia que no requiere una abnegación excepcional. No hay asuntos providenciales que ahora separe lo falso de lo verdadero. Pero la comodidad de conciencia en el ministerio de la Iglesia, y en los términos fáciles de comunión en su membresía, puede cambiar el oro de Dios y enmohecerlo con escoria, y así hacer necesario que lo pase por el horno. El Señor puede de repente traer un acontecimiento sobre Su Iglesia, que obligará a los verdaderos mostrar su verdad, y a los falsos su gran falsedad. ¿Dónde nos encontraremos cuando venga la prueba?  –traducido por Joel Chairez

http://www.presbiterianoreformado.org/historia/pactantes%2021-30.php

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Un esquema de la vida de

John Knox (1514-1572)

por J.C. McFeeters

tomado de su obra:

Historia de los Pactantes Escoceses

Juan Knox Predicando en St Andrews

Juan Knox Predicando en St Andrews

«La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia.» Este dicho escarlata es una verdad imponente. «Si seguís quemándolos,» dijo en manera poco corriente uno que había presenciado los efectos sobre la opinión publica del martirio de George Wishart, «quemadlos en vuestros calabozos, pues el humo infecta [atrae] a todos los que alcanza.»

John Knox era para ese tiempo un joven que se estaba preparando para servir en el sacerdocio de Roma. El llegó a conocer a Wishart y a sentir el ardor de su corazón radiante y el vigor de su compañerismo inspirador. Knox fue un hombre dotado con habilidades naturales eminentes acompañadas con una buena educación. Era reconocido como uno que sería un valeroso campeón en cualquier lado que tomase. Dios fue rico en misericordia para con Escocia cuando hizo que el Evangelio resplandeciese en el corazón de Knox, dándole «la luz del evangelio de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.» Su intelecto imponente, por el estudio de la Palabra de Dios, abrazó la gloria renaciente de la Reforma, como cuando una montaña abraza los primeros rayos del sol que está saliendo. El rompió con todo lazo que lo ataba con el papado, y entró en la libertad de los hijos de Dios en el poder del Espíritu Santo.

Cuando Knox recibió su primer llamado para ser pastor, se vio abrumado con ansiedad ante la responsabilidad enorme de predicar el Evangelio. Se mantuvo atónito, pero no podía rehusar. Su humildad y la humillación de si mismo lo prepararon, por medio de la gracia del Señor Jesucristo, para confrontar las alturas de poder y honor que raras veces alcanza cualquier ministro. Desde ese día crucial dedicó todas sus energías de cuerpo y alma en la predicación de la Palabra de Dios. Sus servicios públicos se extendieron por un cuarto de siglo.

Este hombre poderoso de gran valor se lanzo inmediatamente a lo más espeso de lucha contra el Romanismo. El dio el golpe contra la raíz del mal. En vez de disminuir el vigor con ritos, ceremonias, y la perversión de doctrinas, el valerosamente retó todo el sistema del papado afirmando ser el Anticristo, y al Papa como «El hombre de pecado.» En su estima la Iglesia de Roma era Iglesia caída y se había convertido en «La Sinagoga de Satanás.» El se lanzó al campo de batalla vestido con toda la armadura de Dios empuñando la espada del Espíritu con destreza y resultados formidables. El secreto de su poder yacía en la oración. El sabía cómo luchar con Dios en la oración y prevalecer como un príncipe. La reina gobernante, quien en esos tiempos controlaba las fuerzas del gobierno a su gusto, dijo, «Tengo más miedo de las oraciones de John Knox que de cualquier ejercito de diez mil hombres.»

El mismo nombre de Knox era suficiente para sobrecoger con terror el corazón de sus enemigos. En una ocasión, habiendo estado en Ginebra por algún tiempo, regreso inesperadamente. Entre tanto un número de ministros reformados, que habían sido arrestados por predicar contra el papado, estaban por ser juzgados. La corte se había reunido y estaban ocupados en los actos preliminares. De repente un mensajero entró apresurado y sin aliento al ayuntamiento de justicia, exclamando, «¡John Knox! ¡John Knox ha llegado! ¡Anoche durmió en Edingburgo!» La corte se quedo atónita e inmediatamente fue aplazada.

La vida de Knox muchas veces estaba en peligro. Una vez mientras leía a la luz de una vela sentada en su cuarto le fue disparado un tiro desde la calle a través de la ventana. El tiro entró sin hacerle ningún daño dándole a la vela.

En cierta ocasión recibió una petición de predicar en una ciudad que se consideraba un baluarte del romanismo. Aceptó, alegre por la oportunidad, sabiendo también del peligro. El arzobispo de la ciudad, teniendo un ejército a su mando, le envió a Knox una advertencia, diciendo, que si predicaba, los soldados recibirían órdenes de dispararle. Sus amigos le rogaban que no fuera. El les respondió, «En cuanto al temor del peligro que me pueda venir ninguno se preocupe, pues mi vida esta bajo el cuidado de Aquel cuya gloria busco. Yo no deseo la mano ni el arma de cualquier hombre para que me defienda. Todo lo que pido es audiencia, la cual, si se me niega aquí y ahora, debo buscarla más allá donde pueda encontrarla.» Salió y predicó y regresó sin ningún daño. Su gran valor se infundió en el corazón de otros, y una multitud de hombres indomables se sostuvieron firmes con él en la lucha a favor de la libertad y de la conciencia, que sin temor alguno él defendía. Toda vida sublime es una fuerza poderosa para levantar a otros en la misma región de acción saludable.

El trono de Escocia, con su sistema gubernamental, estuvo contra Knox todos sus días. La reina María estaba resuelta en mantener al pueblo sujeto a su voluntad déspota. Knox tuvo varias entrevistas personales con ella, arriesgando su vida para hablarle abierta y solemnemente, aplicando la Palabra de Dios a la vida y consciencia de ella. En cierta ocasión, mientras protestaba contra su furor perseguidor, le dijo, «Aún así, señora dama, si aquellos que están en autoridad, les da un ataque de locura y matan a los hijos (quienes son sus súbditos) de Dios, la espada puede arrebatarse de ellos, y aún pueden ser encarcelados hasta que recuperen su dominio propio.» La reina se quedo atónita mientras que su rostro cambiaba de color, pero no tenía poder alguno para hacerle daño.

Mientras que John Knox vivió, la Iglesia de la Reforma creció en una manera rápida y llegó a ser imponente en números e influencia. La primera Asamblea General se llevó a cabo en 1560, teniendo 6 ministros y otros 32 miembros, 38 en total. En 1567, solo siete años más tarde, la Asamblea numeraba 252 ministros, 467 lectores, y 154 exhortadores [predicadores laicos]. Esto, también, fue en un tiempo de angustia las condiciones eran adversas, y la oposición era muy poderosa. ¿Cuál fue la causa del éxito? «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.»

La Iglesia contendía por la supremacía del Señor Jesucristo, aún hasta la muerte.

La Iglesia proseguía sin desviarse el curso que se le señaló en la Palabra de Dios, en doctrina, en adoración, y en disciplina, sin importarle el costo y sin temer las consecuencias.

La Iglesia rehusó ser guiada por la sabiduría humana o por métodos pérfidos o traicioneros (ya fuese para ganar números o para obtener gracia), sino que dependía para su éxito en la sabiduría que viene de arriba.

La Iglesia procuró glorificar a Dios con sencillez de fe, santidad de vida, pureza en la adoración, y lealtad al Señor Jesucristo. De esto procedió su fuerza indomable, los logros maravillosos, las magnificas victorias, y el crecimiento sorprendente. ¿Acaso la Iglesia de Cristo no obtendría semejantes cosas si siguiese el mismo curso de fidelidad en nuestros propios tiempos?

John Knox murió en 1572, a la edad de 67 años. Sus últimas palabras fueron, «Ven, Señor Jesús, dulce Jesús; recibe mi espíritu.» El fin de su vida fue paz.

¿Procuraremos imitar a Knox en la oración, en el valor, en la abnegación, y en la sencillez de corazón? ¿Acaso su ejemplo no nos será una inspiración para trabajar con fe y con fuerza, para edificar la Iglesia y extender el Reino de Jesucristo? Knox fue grande porque fue humilde y confió en el Señor. El mismo camino aún está abierto a todos aquellos que quieran hacer cosas grandes para Dios. La humildad, la oración, la fe, la actividad, al valor, el honor, la gloria – estos son los paso sucesivos hacía arriba. Aún hay lugar en esos sitios de honor. El sitio de John Knox parece estar vacío. ¿Quién lo llenará? ¡Qué oportunidad para los jóvenes para que pongan en acción sus facultades más nobles!

-traducido por Joel Chairez

diacono de la Iglesia Reformada Presbiteriana

en Los Angeles, CA

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Thomas Bradwardine

(1290-1349)

Doctor Profundus de Oxford

 

Thomas Bradwardine: De Causa Dei contra Pelagium

Tal vez muchos de ustedes así como yo nunca han oído de la persona Thomas Bradwardine.  Su persona llego a mi atención en la lectura de un libro1 sobre el análisis de la formulación de la doctrina bíblica de la predestinación por medio de los teólogos tras los siglos.  Ciertamente muchos reconocen que el gran teólogo Agustín de Hipona enseño y escribió sobre está doctrina bíblica (Miren su obra aquí: http://www.presbiterianoreformado.org/doctrina/agustinpresd.php).  De cierto se sabe que Calvino también creyó en esta doctrina bíblica.  Pero lo que muchos tal vez no sepan es que entre Agustín y Calvino hubieron teólogos2 que también creyeron, enseñaron y escribieron sobre doctrinas bíblicas que uno identificara como “protestante” como la doctrina de la gracia (sola gratia), el pecado original y la depravación humana, que la salvación no es por obras, que el libre albedrío es un mito, y sobre la doctrina bíblica de la predestinación.   Thomas Bradwardine, quien vivió en el siglo 14,  fue tal persona.  Claro era obispo en la Iglesia de Roma, pero era monje Agustiniano quien realmente estudio las obras de Agustín y creyó en ellas.  Se puede decir en parte que él fue unas de esas luces “protestantes” antes de la reforma.  Unos de los más famosos personajes que vivió en su tiempo fue John Wycliffe (1320-1384).

Thomas Bradwardine fue un gran erudito y es también reconocido como un gran matemático.  Llego a ser elegido arzobispo de Canterbury (posición eclesiástica más alta en Inglaterra) pero murió unas semanas antes de asumir su posición por causa de la peste negra.  El gran autor inglés, Chaucer, en su obra famosa lo iguala a Agustín y Boethius, que testifica sobre su estatura como teólogo.  Su obra teológica principal que aún tenemos y por la cual él se reconoce como gran teólogo se llama, en Latín, De causa Dei contra Pelagium et de virtute causarum ad suos Mertonenses, libri tres (En defensa de Dios contra los pelagianos y sobre el poder de la causas en tres libros).  La razón que él escribió esta obra fue por la gran popularidad que el pelagianismo había logrado en su día, infectando hasta los profesores en las universidades.  Por sus estudios en la Biblia se dio cuenta que lo que había llegado de ser popular era herejía y se puso a combatir esta maldad dentro la iglesia.

En este blog les comparto unos ejemplares traducidos del latín al inglés y por mi al español.  Por favor noten y comparen lo que él escribió con la Palabra de Dios y luego con Agustín y Calvino.  Se darán cuenta que la doctrina de la predestinación siempre tuvo importancia en la presentación verdadera del evangelio.

Primero nos introduce a la motivación de escribir su obra.  Compárenlo con lo que se oye hasta hoy en día,

“Ocioso y un insensato sobre la sabiduría de Dios, fui engañado por un error no ortodoxa en un tiempo que todavía estuve persiguiendo estudios filosóficos.   A veces iba a escuchar a los teólogos discutiendo este asunto (de la gracia y libre albedrío), y la escuela de Pelagio se me apareció más cerca a la verdad…en la facultad apenas escuche una referencia a la gracia, excepto por unos comentarios ambiguos.  Lo que escuche día tras día fue que somos los maestros libres de nuestro propios hechos , que a nosotros nos pertenece el libre voluntad de hacer lo bueno o lo malo, de tener [de nuestro poder] virtudes o pecados y muchas cosas similares.”

En su libro ataca esta idea y hace un énfasis sobre la gracia de Dios como el fuente principal y primaria sobre nuestra salvación.  Más dice que Su favor esta basado sobre Su voluntad mostrado en Su predestinación y nunca sobre las acciones futuras de personas particulares.  Él defina la predestinación de está manera:

“También, que todos de ser salvos o condenados, recompensados o castigados en cualquier degrado, Él deseo desde toda la eternidad quienes iban a ser salvos o condenados; y igualmente de ser recompensados o castigados precisamente en el mismo degrado; y esto por ningún manera por medio de Su voluntad condicional o indeterminada, sino por Su voluntad absoluta y determinada, así como Él desea en el juicio presente o final, o lo que hará después.”

Como leemos Bradwardine fue contra la idea que Dios predestina por medio de Su presciencia aquellos que van a creer en Él o que Él espera para ver quienes harán lo que es bueno y luego escogerlos.   No, al contrario escribió y enseño que la predestinación a la salvación o a la condenación esta totalmente basada en Su voluntad absoluta sin tomar en cuenta las acciones futuras de las personas.   También miren que Bradwardine enseño y creo en la praedestinatio gemina o sea en el doble predestinación.  Agustín nunca enseño esto, pero Calvino llego a creer y enseñar lo mismo.  La influencia de esto va más atrás, a un teólogo español llamado Isidoro de Sevilla (556-636)3, quien también enseño esta misma doctrina de doble predestinación.

Un verso que los pelagianos les encantan torcer, incluso muchos arminianos, se encuentra en el evangelio de Juan 1:12 y dicen que uno puede elegir de si mismo de ser llamado hijo de Dios.  A esto Bradwardine dijo:

“Ahora cuando sacan el verso del evangelio de Juan, «les dio potestad de ser hechos hijos de Dios», parece que ellos quieren concluir que algunos logran de ser o pueden llegar de ser hijos electos de Dios en el curso de sus vidas…Pues él no dijo «él dio potestad para hacer de si mismos hijos de Dios» sino «de ser hechos hijos de Dios».  ¿Pero por medio de quien?  No por ellos mismos.  No es de su propio voluntad…Así que ellos no se hacen hijos de Dios.  Dios hace esto.”

En su obra él exalta la gracia de Dios y destruye cualquier idea que trata de compartir esta obra con los hechos o decisiones del ser humano.  Él cree en el monergismo y rechaza el sinergismo.

Sigue sobre la predestinación,

“¿Cómo puede ser posible para la capacidad propia del hombre de ser la causa de la predestinación o reprobación cuando algunas veces, entre dos de la misma capacidad, uno es elegido y uno es abandonado o, en otro tiempos, él de menos capacidad es elegido mientras que él de más capacidad es abandonado?”

Se ve que Bradwardine enseño que la elección y la reprobación son decididos aparte de los méritos y los deméritos de uno.  Sale más fuerte cuando él comenta sobre la teoría del teólogo Anselmo,

“No es en ninguna manera claro que si Adán no hubiera pecado nadie hubiera sido reprobado.  Me aparece posible que si aún Adán no hubiera pecado, todos sus descendientes no necesariamente hubieran sido hechos sin pecados y confirmados hasta el fin.  Mejor bien ellos hubieron tenido la libertad de escoger o aceptar lo bueno o lo malo…Así que, el pecado de Adán no es la causa primaría de la reprobación, mejor bien, como se dijo arriba, si Adán no hubiera pecado, Dios hubiera ordenado de manera diferente.”

Las acciones humanas, buenas o malas, no tienen nada que ver con la decisión de Dios en elegir o reprobar a la gente, dice Bradwardine.  Esto es lo que entiende del capitulo 9 de Romanos.  Calvino, siglos después, repite lo mismo.  Esa decisión esta totalmente basada en la voluntad absoluta de Dios.  Uno puede decir que Dios es injusto y malo…ojo…¿qué no el apóstol Pablo anticipó la misma queja? Miren Romanos 9:19-24.  De esto concluye Bradwardine,

“gran provecho, ambos en el presente y en el futuro, se acumula al elegido del reprobado, de hecho el propósito entero de ser para el reprobado es que han sido hechos por causa de los elegidos.  ¿Qué injusticia y crueldad puede ser acusado a Dios porque Él elige a predestinar y crear uno de Sus creaturas para el servicio de otro creatura y ambos por Su propio servicio, alabanza, gloría, y honra?”

Comparen esto con el Apóstol Pablo en Romanos ya citado arriba.  Como se puede ver está doctrina bíblica y difícil no se quedo con Pablo y Agustín y luego hasta Lutero y Calvino.  Al contrario, el testimonio de la gracia y soberanía de Dios siempre hay existido en la Iglesia.   Ni Agustín ni Calvino inventaron esta doctrina, viene de la Palabra de Dios.  Fue el placer de Dios de mantener este testimonio dentro Su Iglesia por medio de varios teólogos, tras los siglos con se ve en el fiel ejemplo de este cristiano, Thomas Bradwardine de Oxford, el Doctor Profundus.

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1 El libro se llama, en inglés, Diversity Within the Reformed Tradition: Supra- and Infralapsarianism in Calvin, Dort, and Westminster por J.V. Fesko.
2 Por ejemplo Isidoro de Sevilla (560-636); Gottschalk de Orbais, Sajonia (803-869); Tomás de Aquino (1224/5-1274); Gregorio de Rimini,Italia (1330-1358).
3 Por ejemplo Isidoro escribió en su famosa obra Sententiae “La predestinación es doble, sea de los elegidos a paz o de los reprobados a la muerte”. En el latín original: Gemina est praedestinatio, sive electorum ad requiem, sive reproborum ad mortem.

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