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La justicia de Cristo

La salvación que la elección de la gracia incluye en ambas perspectivas de la necesidad de la expiación, es una salvación del pecado y para la santidad y la comunión con Dios. Pero si queremos pensar en la salvación así concebida en términos que sean compatibles con la santidad y la justicia de Dios, esta salvación debe abarcar no simplemente el perdón de los pecados, sino también la justificación. Y debe ser una justificación que tenga en cuenta nuestra situación de condenados y culpables. Esta clase de justificación implica la necesidad de una justicia que sea adecuada a nuestra situación. Ciertamente, la gracia predomina, pero una gracia que predomina sin justicia no sólo no es real, es inconcebible. Ahora bien, ¿qué justicia es equivalente a la justificación de los pecadores? La única justicia concebible que puede satisfacer los requisitos de nuestra situación como pecadores y que puede cumplir las exigencias de una justificación plena e irrevocable, es la justicia de Cristo. Esto implica su obediencia, y por ello su encarnación, muerte y resurrección. En resumidas palabras, la necesidad de la expiación es inherente en la justificación y esencial para ella. Una salvación del pecado separada de la justificación es algo imposible, y la justificación de los pecadores sin la justicia divina del Redentor es impensable. Es difícil escapar de lo pertinente de las palabras de Pablo: «Si se hubiera promulgado una ley capaz de dar vida, entonces sí que la justicia se basaría en la ley» (Gá. 3:21). Lo que Pablo insiste es que si la justificación hubiese podido ser lograda por cualquier otro método que el de la fe en Cristo, entonces se hubiera hecho por aquel método.

-Tomado del libro por John Murray titulado La redención: consumada y aplicada, p.17-18.   Se puede comprar el libro completo aquí: http://www.farodegracia.org/product.aspx?id=1480

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Thomas Bradwardine

(1290-1349)

Doctor Profundus de Oxford

 

Thomas Bradwardine: De Causa Dei contra Pelagium

Tal vez muchos de ustedes así como yo nunca han oído de la persona Thomas Bradwardine.  Su persona llego a mi atención en la lectura de un libro1 sobre el análisis de la formulación de la doctrina bíblica de la predestinación por medio de los teólogos tras los siglos.  Ciertamente muchos reconocen que el gran teólogo Agustín de Hipona enseño y escribió sobre está doctrina bíblica (Miren su obra aquí: http://www.presbiterianoreformado.org/doctrina/agustinpresd.php).  De cierto se sabe que Calvino también creyó en esta doctrina bíblica.  Pero lo que muchos tal vez no sepan es que entre Agustín y Calvino hubieron teólogos2 que también creyeron, enseñaron y escribieron sobre doctrinas bíblicas que uno identificara como “protestante” como la doctrina de la gracia (sola gratia), el pecado original y la depravación humana, que la salvación no es por obras, que el libre albedrío es un mito, y sobre la doctrina bíblica de la predestinación.   Thomas Bradwardine, quien vivió en el siglo 14,  fue tal persona.  Claro era obispo en la Iglesia de Roma, pero era monje Agustiniano quien realmente estudio las obras de Agustín y creyó en ellas.  Se puede decir en parte que él fue unas de esas luces “protestantes” antes de la reforma.  Unos de los más famosos personajes que vivió en su tiempo fue John Wycliffe (1320-1384).

Thomas Bradwardine fue un gran erudito y es también reconocido como un gran matemático.  Llego a ser elegido arzobispo de Canterbury (posición eclesiástica más alta en Inglaterra) pero murió unas semanas antes de asumir su posición por causa de la peste negra.  El gran autor inglés, Chaucer, en su obra famosa lo iguala a Agustín y Boethius, que testifica sobre su estatura como teólogo.  Su obra teológica principal que aún tenemos y por la cual él se reconoce como gran teólogo se llama, en Latín, De causa Dei contra Pelagium et de virtute causarum ad suos Mertonenses, libri tres (En defensa de Dios contra los pelagianos y sobre el poder de la causas en tres libros).  La razón que él escribió esta obra fue por la gran popularidad que el pelagianismo había logrado en su día, infectando hasta los profesores en las universidades.  Por sus estudios en la Biblia se dio cuenta que lo que había llegado de ser popular era herejía y se puso a combatir esta maldad dentro la iglesia.

En este blog les comparto unos ejemplares traducidos del latín al inglés y por mi al español.  Por favor noten y comparen lo que él escribió con la Palabra de Dios y luego con Agustín y Calvino.  Se darán cuenta que la doctrina de la predestinación siempre tuvo importancia en la presentación verdadera del evangelio.

Primero nos introduce a la motivación de escribir su obra.  Compárenlo con lo que se oye hasta hoy en día,

“Ocioso y un insensato sobre la sabiduría de Dios, fui engañado por un error no ortodoxa en un tiempo que todavía estuve persiguiendo estudios filosóficos.   A veces iba a escuchar a los teólogos discutiendo este asunto (de la gracia y libre albedrío), y la escuela de Pelagio se me apareció más cerca a la verdad…en la facultad apenas escuche una referencia a la gracia, excepto por unos comentarios ambiguos.  Lo que escuche día tras día fue que somos los maestros libres de nuestro propios hechos , que a nosotros nos pertenece el libre voluntad de hacer lo bueno o lo malo, de tener [de nuestro poder] virtudes o pecados y muchas cosas similares.”

En su libro ataca esta idea y hace un énfasis sobre la gracia de Dios como el fuente principal y primaria sobre nuestra salvación.  Más dice que Su favor esta basado sobre Su voluntad mostrado en Su predestinación y nunca sobre las acciones futuras de personas particulares.  Él defina la predestinación de está manera:

“También, que todos de ser salvos o condenados, recompensados o castigados en cualquier degrado, Él deseo desde toda la eternidad quienes iban a ser salvos o condenados; y igualmente de ser recompensados o castigados precisamente en el mismo degrado; y esto por ningún manera por medio de Su voluntad condicional o indeterminada, sino por Su voluntad absoluta y determinada, así como Él desea en el juicio presente o final, o lo que hará después.”

Como leemos Bradwardine fue contra la idea que Dios predestina por medio de Su presciencia aquellos que van a creer en Él o que Él espera para ver quienes harán lo que es bueno y luego escogerlos.   No, al contrario escribió y enseño que la predestinación a la salvación o a la condenación esta totalmente basada en Su voluntad absoluta sin tomar en cuenta las acciones futuras de las personas.   También miren que Bradwardine enseño y creo en la praedestinatio gemina o sea en el doble predestinación.  Agustín nunca enseño esto, pero Calvino llego a creer y enseñar lo mismo.  La influencia de esto va más atrás, a un teólogo español llamado Isidoro de Sevilla (556-636)3, quien también enseño esta misma doctrina de doble predestinación.

Un verso que los pelagianos les encantan torcer, incluso muchos arminianos, se encuentra en el evangelio de Juan 1:12 y dicen que uno puede elegir de si mismo de ser llamado hijo de Dios.  A esto Bradwardine dijo:

“Ahora cuando sacan el verso del evangelio de Juan, «les dio potestad de ser hechos hijos de Dios», parece que ellos quieren concluir que algunos logran de ser o pueden llegar de ser hijos electos de Dios en el curso de sus vidas…Pues él no dijo «él dio potestad para hacer de si mismos hijos de Dios» sino «de ser hechos hijos de Dios».  ¿Pero por medio de quien?  No por ellos mismos.  No es de su propio voluntad…Así que ellos no se hacen hijos de Dios.  Dios hace esto.”

En su obra él exalta la gracia de Dios y destruye cualquier idea que trata de compartir esta obra con los hechos o decisiones del ser humano.  Él cree en el monergismo y rechaza el sinergismo.

Sigue sobre la predestinación,

“¿Cómo puede ser posible para la capacidad propia del hombre de ser la causa de la predestinación o reprobación cuando algunas veces, entre dos de la misma capacidad, uno es elegido y uno es abandonado o, en otro tiempos, él de menos capacidad es elegido mientras que él de más capacidad es abandonado?”

Se ve que Bradwardine enseño que la elección y la reprobación son decididos aparte de los méritos y los deméritos de uno.  Sale más fuerte cuando él comenta sobre la teoría del teólogo Anselmo,

“No es en ninguna manera claro que si Adán no hubiera pecado nadie hubiera sido reprobado.  Me aparece posible que si aún Adán no hubiera pecado, todos sus descendientes no necesariamente hubieran sido hechos sin pecados y confirmados hasta el fin.  Mejor bien ellos hubieron tenido la libertad de escoger o aceptar lo bueno o lo malo…Así que, el pecado de Adán no es la causa primaría de la reprobación, mejor bien, como se dijo arriba, si Adán no hubiera pecado, Dios hubiera ordenado de manera diferente.”

Las acciones humanas, buenas o malas, no tienen nada que ver con la decisión de Dios en elegir o reprobar a la gente, dice Bradwardine.  Esto es lo que entiende del capitulo 9 de Romanos.  Calvino, siglos después, repite lo mismo.  Esa decisión esta totalmente basada en la voluntad absoluta de Dios.  Uno puede decir que Dios es injusto y malo…ojo…¿qué no el apóstol Pablo anticipó la misma queja? Miren Romanos 9:19-24.  De esto concluye Bradwardine,

“gran provecho, ambos en el presente y en el futuro, se acumula al elegido del reprobado, de hecho el propósito entero de ser para el reprobado es que han sido hechos por causa de los elegidos.  ¿Qué injusticia y crueldad puede ser acusado a Dios porque Él elige a predestinar y crear uno de Sus creaturas para el servicio de otro creatura y ambos por Su propio servicio, alabanza, gloría, y honra?”

Comparen esto con el Apóstol Pablo en Romanos ya citado arriba.  Como se puede ver está doctrina bíblica y difícil no se quedo con Pablo y Agustín y luego hasta Lutero y Calvino.  Al contrario, el testimonio de la gracia y soberanía de Dios siempre hay existido en la Iglesia.   Ni Agustín ni Calvino inventaron esta doctrina, viene de la Palabra de Dios.  Fue el placer de Dios de mantener este testimonio dentro Su Iglesia por medio de varios teólogos, tras los siglos con se ve en el fiel ejemplo de este cristiano, Thomas Bradwardine de Oxford, el Doctor Profundus.

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1 El libro se llama, en inglés, Diversity Within the Reformed Tradition: Supra- and Infralapsarianism in Calvin, Dort, and Westminster por J.V. Fesko.
2 Por ejemplo Isidoro de Sevilla (560-636); Gottschalk de Orbais, Sajonia (803-869); Tomás de Aquino (1224/5-1274); Gregorio de Rimini,Italia (1330-1358).
3 Por ejemplo Isidoro escribió en su famosa obra Sententiae “La predestinación es doble, sea de los elegidos a paz o de los reprobados a la muerte”. En el latín original: Gemina est praedestinatio, sive electorum ad requiem, sive reproborum ad mortem.

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Cristo murio por los impíos

por Rev. Horatius Bonar (1808-1889)

«Y vio Jehová que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.» Génesis 6:5 RVR 1909

El testimonio divino acerca del hombre es, que él es un pecador. Dios da testimonio contra él; y testifica que «no hay justo, ni aun uno;» que «no hay quien haga lo bueno;» «no hay quien entienda;» «no hay quien busque a Dios,» y, nadie que le ame a Él (Sal. 14:1-3; Rom. 3:10-12). Dios habla del hombre amablemente, pero severamente; así como uno que suspira por su niño perdido, pero uno que no se compromete con el pecado, y de ninguna manera hará libre al culpable. Él declara al hombre ser un perdido, un desviado, un rebelde, un «aborrecedor de Dios» (Rom. 1:30); no un pecador ocasional, pero un pecador siempre; no un pecador en parte, con muchas cosas buenas acerca de él; pero completamente un pecador, sin ninguna bondad compensatoria; malo de corazón y de vida, muerto «en delitos y pecados» (Ef. 2:1); un hacedor de maldad, y por lo tanto bajo condenación; un enemigo de Dios, y por lo tanto «bajo ira;» un violador de la justa ley, y por lo tanto bajo «maldición» de la ley (Gál. 3:10). El pecador no sólo trae a luz pecado, pero él lo carga consigo mismo, como su segundo de sí mismo; él es un cuerpo o una masa del pecado (Rom. 6:6), un «cuerpo de muerte,» sujeto no a la ley de Dios, pero a «la ley del pecado» (Rom. 7:23, 24).

Hay otro y todavía peor cargo contra él. El no cree en el nombre del Hijo de Dios, ni ama al Cristo de Dios. Este es su pecado de pecados. Que su corazón no está bien con Dios es el primer cargo contra él. Que si corazón no está bien con el Hijo de Dios es el segundo. Y es el segundo que es el culminante, compresivo pecado, cargando consigo más terrible damnación que todos los otros pecados puestos juntos. «El que en Él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.» (Juan 3:18). «El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree á Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo» (1 Juan 5:10). «El que no creyere, será condenado» (Marcos 16:16). Y aquí es el primer pecado que el Espíritu Santo redarguye al hombre que es la incredulidad; «Y cuando Él (el Espíritu Santo) viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio: De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí» (Juan 16:8-9).

El hombre no necesita tratar de poner una buena palabra a favor de si mismo, o confesar que no es culpable, a menos que él puede demostrar que ama, y siempre ha amado, a Dios con todo su corazón y alma. Si él puede verdaderamente decir eso, él totalmente está bien, no es un pecador, y no necesita el perdón. Él encontrará su camino al reino sin la cruz y sin el Salvador. Pero, si él no puede decir eso, su boca se calla y él queda convicto ante Dios. Sin embargo, no importa cuan favorable su vida exterior lo presente a él y otros vean su caso justo ahora, el veredicto será contra él en el estado venidero. Este es el día del hombre, cuando los juicios del hombre prevalecen; pero el día de Dios viene, cuando el caso será juzgado por sus méritos reales. Entonces el Juez de toda la tierra hará correcto, y el pecador será puesto a vergüenza.

Este es un veredicto divino, no humano. Es Dios, no el hombre, quien condena; y Dios no es hombre para que mienta. Este es el testimonio de Dios acerca del hombre, y sabemos que su testimonio es verdadero. Concierne mucho a nosotros para recibirlo tal como es, y obrar a impulso de ello.

«Mirad á mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay más» (Isa. 45:22), un «Dios justo y Salvador» (v.21). «Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase á Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar» (Isa. 55:7).

Fije su ojo, el ojo de fe, en la cruz y vea estas dos cosas – los crucificadotes y el Crucificado. Vea los crucificadotes, los aborrecedores de Dios y de Su Hijo. Ellos son usted mismo. Lea en ellos su propio carácter. Vea al Crucificado. Es Dios manifiesto en carne, sufriendo, muriendo por los impíos. ¿Puede conjeturar Su gracia? ¿Puede estimar pensamientos malos acerca de Él? ¿Puede usted pedir algo más, para despertar en usted la más completa y no reservada confianza? ¿Mal interpretaría usted aquella agonía y muerte, sea diciendo que ellas no significan gracia, o que la gracia que ellas significan no son para usted? Traiga a su mente lo que está escrito — «En esto hemos conocido el amor, porque Él puso su vida por nosotros: también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos» (1 Juan 3:16). «En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que Él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo en propiciación por nuestros pecados» (1 Juan 4:10).

Traducido por Pedro B Durik

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