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firmando el pacto

Un breve resumen de los principios de la Segunda Reforma

 

La Segunda Reforma aplicó los principios de la Palabra de Dios tanto a la Iglesia como a la Nación. Escocia prosperó bajo la bendición de Dios como consecuencia. Lo siguiente son algunos de los principios claves afirmados y defendidos durante este período.

 

  1. La Autoridad Suprema de la Palabra de Dios en todos los asuntos de la fe, la adoración, el gobierno y la práctica.
  2. El Principio Regulador de Adoración. La adoración sólo debe incluir lo que Dios ha designado en Su Palabra. Debemos excluir de la adoración todo que Dios no ha designado en Su Palabra.
  3. La Uniformidad. Debería haber una sola forma de doctrina, adoración, gobierno y práctica según las Escrituras.
  4. El Señor Jesucristo es el único Rey y Cabeza sobre la iglesia. Ha remitido el gobierno de la iglesia a los pastores y a los ancianos gobernantes. El estado no tiene derecho de interferir en esto.
  5. Las naciones y sus gobernadores deben ser sujetos a Dios y reconocerlo a Él y a Su ley. Tienen una obligación de Dios de apoyar a la iglesia de Cristo.
  6. El deber de las naciones es de hacer un pacto con Dios y la obligación vigente de estos pactos o convenios religiosos.
  7. Debemos conservar y sostener firmemente cualquier reforma ya alcanzada. Debemos avanzar en la reforma y animar a otros con el trabajo de reforma hasta lo que sea posible.
  8. La Reforma personal en santidad y piedad según la Palabra de Dios.
  9. La Reforma de la familia según la Palabra de Dios. Esto sobre todo implica adoración de la familia diaria y enseñar a los niños el catecismo sobre la verdad bíblica.

 

 

Traducido por Edgar Ibarra

del sitio: http://www.reformationscotland.org/second-reformation-principles/

 

 

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¿Quienes fueron los puritanos?

Tomado y editado del prefacio del libro

Meet the Puritans

por Joel R. Beeke y Randall J. Penderson

Puritano

Traducido por Edgar A Ibarra Jr

¿Qué significa el término puritano?  Mucha gente hoy en día usa el término para describir una marca de la cristiandad legalista y arisca que se acerca al fanaticismo.  La mayoría de este estereotipo fue un producto de sentimientos anti-puritanas del siglo diecinueve.  Mientras que subsecuente culturas han expresado varias opiniones de los puritanos, es útil de hacer un relato breve de la historia del término y para tasar el movimiento lo más objetivo posible.

El término puritano fue usado primero en los 1560s hacia esos protestantes ingleses quienes consideraron las reformas bajo la Reina Isabel I incompletas y llamaron por una “purificación” (del griego katharos, “puro”) amplia.  Su connotación negativa vino de su traducción del término latín catharus (puritano) o cathari (puritanos; de katharos), un titulo dado a herejes medievales…Para William Perkins (1558-1602), frecuentemente llamado “el padre del puritanismo”, puritano fue un “término vil” que describía gente con tendencias perfeccionistas (The Works of William Perkins, 1:342, 3:15).  Leonard J. Trinterud concluye, “Durante el siglo dieciséis fue usado más como un adjetivo mofador que un sustantivo sustancial, y fue rechazado como calumnioso en cualquier área que fue aplicado” (Elizabethan Puritanism, pp. 3ff.).

A pesar de esto los términos puritano y puritanismo quedaron firmes … Nosotros acertamos que los puritanos abrazaron cinco preocupaciones principales y trataron cada una substancialmente en sus escritos:

  • Los puritanos buscaron de escrudiñar las Escrituras, ordenar sus encuentros y aplicarlos a todas las áreas de la vida. En haciendo esto, los puritanos también apuntaron de ser confesional y teológica, y dependieron mucho sobre los labores de la erudición cristiana.
  • Los puritanos fueron apasionadamente entregados de enfocarse sobre el carácter Trinitaria de la teología. Nunca se cansaron de proclamar la gracia electoral de Dios, el amor agonizante de Jesucristo, y la obra aplicatoría del Espíritu Santo en las vidas de los pecadores. Su fascinación con la experiencia cristiana no fue tanto motivado por un interés en su propia experiencia en si tanto como fue su deseo de trazar la obra divina dentro de ellos con el fin de rendir toda la gloria a su Señor Triuno.
  • En común con los reformadores, los puritanos creyeron en la significación de la iglesia en los propósitos de Cristo. Por lo tanto, creyeron que el culto de la iglesia debería ser una obra externo cuidadoso y una encarnación fiel a su fe bíblica, y así el puritanismo fue un movimiento que se enfoco sobre la prédica plana y serio, reforma de liturgia, y hermandad espiritual. Igualmente, los puritanos creyeron que hubo un orden o un régimen para el gobierno de la iglesia revelado en la Escritura, y el bienestar de la iglesia dependía sobre trayéndola en conformidad a ese orden.
  • En las grandes preguntas de la vida nacional presentadas por las crisis de su día, los puritanos buscaron a la Escritura para luz sobre los deberes, poder y derechos del rey, el parlamento y de los sujetos-ciudadanos.
  • En cuanto al individuo, los puritanos se enfocaron sobre la conversión personal y comprensiva. Creyeron con Cristo que «dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» Juan 3:3. Por lo tanto sobresalieron en predicando el evangelio, sondeando la consciencia, despertando al pecador, llamándolo al arrepentimiento y fe, y guiándolo a Cristo, y educándolo en el camino de Cristo. Igualmente, los puritanos creyeron con Santiago que «la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma» (Santiago 2:17). Así que desarrollaron de la Escritura una descripción cuidadosa de lo que un cristiano debería ser en su vida interna ante Dios y en todas sus acciones y relaciones en esta vida, en el hogar, en la iglesia, en el trabajo, y en la sociedad.

[Los puritanos] obraron para reformar y purificar la iglesia y de guiar el pueblo hacia una vida piadosa viviendo consistente con la doctrina reformada de la gracia. J. I. Packer resume este entendimiento del puritanismo bien: «el puritanismo fue un movimiento evangélico de santidad buscando de implementar su visión de un avivamiento espiritual, nacional y personal, en la iglesia, en el estado y en el hogar; en la educación, en el evangelismo y en la economía; en el discipulado personal y devoción, y en el cuidado y competencia pastoral» (An Anglican to Remember – William Perkins: Puritan Popularizer [St. Antholin´s Lectureship Charity Lecture, 1996], pp. 1-2).

Peter Lewis correctamente dice que el puritanismo creció de tres necesidades: (1) la necesidad de una prédica bíblica y la enseñanza de la sana doctrina reformada; (2) la necesidad  de una piedad bíblica y personal que enfatiza la obra del Espíritu Santo en la fe y en la vida del creyente; y (3) la necesidad de restaurar simplicidad bíblica en la liturgia, vestimentos y gobierno eclesiástico, para que una vida eclesiástica bien ordenada pudiera promover el culto del Trino Dios tal como ha sido mandado en Su Palabra (The Genius of Puritanism, pp. 11ff.).  Doctrinalmente, el puritanismo fue un tipo de un calvinismo vigoroso; experimentalmente, fue agradable y contagioso; evangelisticamente, fue agresivo aun cariñoso; eclesiásticamente, fue teocéntrico y lleno de adoración; políticamente, busco de ser escritural, balanceado y atado por la conciencia ante Dios en las relaciones de rey, parlamento, y ciudadanos.

Los puritanos para nada fue un movimiento monolítico no más que lo fueron los reformadores, o, sobre este asunto, cualquier otro grupo mayor de teólogos en la historia de la iglesia.  Ellos también tuvieron sus diferencias, no tan solo eclesiásticamente y políticamente, sino también teológicamente. Hubo entre ellos que tragaron y enseñaron errores, como Richard Baxter sobre la justificación y John Preston sobre la expiación.  Aún, por la mayor parte, hubo una unidad notable de pensamiento, convicción y experiencia entre los puritanos.

 

Adicción mía:

 

Entre los puritanos hubieron presbiterianos e independientes­/congregacionalistas.  Tuvieron acuerdo en casi todo pero hubo división sobre el gobierno eclesiástica.  A pesar de esto la mayoría creyeron en a capella salmodia exclusiva, santificando el día del Señor, y sobre el establecimiento de la religión verdadera o sea reformada en el país.

 

Unos puritanos famosos pero no es una lista completa:

William Perkins (conocido como el padre del puritanismo)

Thomas Adams

William Ames

Lewis Bayly

Samuel Bolton

Thomas Boston

Christopher Love (murio como Covenanter bajo Oliver Cromwell)

Robert Bolton

William Bridge

Thomas Brooks

John Bunyan

Anthony Burgess

Jeremiah Burroughs

Thomas Cartwright

Joseph Caryl

Thomas Case

Stephen Charnock

David Clarkson

John Davenant

Edward Fisher

John Flavel

Thomas Goodwin

Thomas Gouge

William Gurnall

Matthew Henry

Thomas Hooker

John Howe

Thomas Manton

Increase Mather

Richard Mather

Samuel Mather

Christopher Ness

John Owen

Thomas Ridgley

Henry Scudder

Obadiah Sedgwick

Thomas Shepard

Richard Sibbes

George Swinnock

Nathaniel Vincent

Thomas Vincent

William Whitaker

James Janeway

Jonathan Edwards (llamado el último puritano)

 

 

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Hoy, en esta fecha 28 de febrero, hace 377 años atras, el Pacto Nacional fue renovado en Escocia enlazando la Segunda Reforma en la Iglesia.

firmandopacto

El pacto fue para promover la religión verdadera (la fe reformada) y para establecer la uniformidad de religión pactada.

Aquí en el primer enlace se puede leer el pacto…en el segundo enlace se puede leer la historia del suceso.

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El 31 de octubre se celebra el día de la reforma.  En 1662 el 31 de octubre la Iglesia de Escocia sufrió un gran golpe de parte del Estado cuando expulsaron a cada ministro presbiteriano que mantuvo su promesa y lealtad al Pacto y Liga Solemne.  Fue un día de gran tristeza y sufrimiento.  Esto inició una época de persecución muy severa en Escocia reconocido como ‘The Killing Times’ o ‘Los Tiempos de Mantanzas’.  Estos ministros e Iglesia se conocen como los ‘Covenanters’ o Pactantes.  Gracias a Dios, Él guardo a Su Iglesia y los ‘Covenanters’ permanecen hoy en día como ‘The Reformed Presbyterian Church (RPC)’.  Existen en Escocia, Irlanda, Norte América, Australia y Sudan del Sur.   Es una denominación en cada una de estos países.

Se planea establecer la primera congregación de los ‘Covenanters’ o RPC en Latinoamérica en México, D.F. muy pronto si Dios permite.

 

Expulsando a los Ministros – 1662 d. C.

Capitulo 25

Tomado del libro:

Historia de los Pactantes Escoceses

Por J. C. McFeeters

La ejecución del Rev. James Guthrie, 1661.

La ejecución del Rev. James Guthrie, 1661, por predicar contra la prelacía.

“La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia”.  En el martirio de Argyle y de Guthrie la sangre de la mejor calidad había sido derramada, y la semilla más preciosa había sido sembrada.  Por lo tanto, la cosecha ciertamente será grande, el campo dará fruto a ciento por uno.

La fidelidad de Argyle y de Guthrie, su devoción a Cristo y al Pacto, volvió aparecer en centenares de nobles y en centenares de ministros por todas partes de Escocia. ¿Cómo, querer intimidar y subyugar a los Covenanters con martirio de sus líderes principales? Pero sus enemigos malentendieron sus intenciones y subestimaron su fuerza, desconociendo los principios inmortales del Pacto que los sobrellevaba en el servicio del Señor, no estimando preciosas sus vidas por amor a Cristo. ¡Los Covenanters intimidados! ¿Acaso desfallecerá el sol y menguará bajo los vientos fuertes? ¿Se marchitará el roble en la pérdida de unas pocas ramas? ¿Retrocederán los veteranos ante el primer disparo? Más bien ¿no será despertado el espíritu de combate?

Para este tiempo los Covenanters llegaban cerca de 1,000 ministros, y cerca de 100,000 comunicantes. Ellos tenían 900 congregaciones. Los ministros no eran todos firmes; la levadura de acomodamientos había estado trabajando; la mitad de ellos habían llegado a ser más o menos infectados. Ellos se habían debilitado en el Pacto y se habían rendido al Rey Carlos bajo su administración despiadada. El remolino político en sus círculos externos los estaba atrayendo lenta y sin embargo ciertamente hacia su torbellino horrible.

Los tiempos de sacudimiento habían llegado para los Covenanters. Dios sabe cómo sacudir Su cedazo para limpiar el trigo. Él no busca tamaño, sino calidad. Los números no son nada para El; el carácter es todo lo que importa. Le gustaría tener más bien a Gedeón con 300 hombres que cuadrasen con la regla, que treinta regimientos fuera de la regla. Él eligió más bien una décima parte de Israel que el todo, y cernió la nación en el cedazo de Nabucodonosor para separar el buen trigo del inferior.

La Iglesia Pactante llegó a sobrecargarse con paja, heno, hojarasca y con granos enjutos, y con meollos quebrados – a saber con niveles bajos de vida espiritual – y el Señor sacudió lo malo fuera de la Iglesia al grado que permanecer en ella era sumamente doloroso y difícil. La senda de la fidelidad estaba llena de dificultades. Dios hizo que el mantenerse leales al Pacto fuese peligroso y costoso. Los seguidores de Cristo fueron obligados a tomar la cruz y cargarla. Si desean ser leales a su Señor, ellos deben salir fuera del campamento, y llevar Su vituperio. Si desean mantener su conciencia pura, ellos deben aceptar burlas crueles, azotes, prisiones, destierros, y muerte. De esta manera Dios iba a separar para si «un pueblo propio, celoso de buenas obras». Los otros pueden ser de algún uso en grados, pero para prevenir una apostasía general y decadencia universal, Dios avienta el trigo.

¿Pero quiénes fueron echados fuera de la Iglesia Presbiteriana en el reinado de Carlos II? ¿No fueron los inflexibles, fuertes, e inconmovibles Covenanters? ¿Quiénes son éstos que han sido separados de sus hermanos, y arrojados como tamo ante el viento sobre los montes y praderas? ¿No son los defensores entusiastas de la fe Reformada? ¿No son los verdaderos soldados de Jesucristo? Para el ojo ingenuo, los escrupulosos, los grandes luchadores y estrictos Covenanters fueron arrojados fuera, mientras que los demás se quedaron en casa para distribuir la presa; el partido inestable y vacilante se quedó con la organización y con la Iglesia; el partido estricto sufrió la desintegración y fue desterrado. Pero tal vista es sólo superficial; más bien, es una visión ilusoria.

La Iglesia de Cristo no depende en la organización externa. Ella puede sobrevivir sin asambleas, sin presbiterios, o sin sesiones. Ella puede disfrutar la medida máxima del amor de Cristo sin capillas, sin multitudes, o sin propiedades eclesiásticas. Ella puede tener el poder y así prestar servicio a cualquier comunidad, sin ministros, sin ancianos, o sin diáconos.

Cuándo los Covenanters fueron expulsados por el perseguidor, la Iglesia Pactante salió al desierto, reclinándose sobre el Señor Jesucristo su Amado. Llevó consigo misma todas las cosas esenciales. Tenía la Biblia, el Pacto, la fe, los sacramentos, el Espíritu Santo, el amor de Dios, y la presencia del Señor Jesucristo. Los valles vinieron a ser sus lugares de adoración; los asientos de sus lugares de reunión eran de piedra, con púlpitos de roca, paredes de granito, el césped verde como alfombra, y sus techos el cielo azul. Una fila de piedras era su mesa sacramental, y el susurrante arroyo su fuente bautismal. Los montes estaban rodeados de huestes angelicales, y las praderas cubiertas con el maná del cielo; la bandera del amor de Cristo reposaba sobre estos adoradores, y la gloria de Dios llenaba el lugar. Tal fue la Iglesia de los Covenanters en los tiempos de la persecución.

El rey y sus consejeros en 1662 demandaron de la Iglesia Pactante lo que ningún Pactante (Covenanter) fiel y de gran respeto podría rendir. Las demandas en sustancia eran estas:

  • Que el juramento de la lealtad, que representaba la supremacía del rey sobre la Iglesia y el Estado, deberá ser tomado.
  • Que ningún ministro al predicar y orar hará mención de pecados públicos, ya sea cometidos por el rey o por su parlamento.
  • Que la administración de la Iglesia, hasta cierto punto en cuanto a su constitución será prelatica [Episcopal].
  • Que los edictos del rey y decretos del parlamento no serán cuestionados, aún a la luz de Palabra de Dios.
  • Que los ministros obedecerán estas demandas, o serán desterrados de sus hogares respectivos, parroquias, y presbiterios.

Tal fue el cedazo que filtró la obra. ¿Qué corazón leal podría soportar estos términos? ¿Qué ministro de Cristo, inclinado en preservar su honor y conciencia, podría retener el cargo de su iglesia? En comparación con el Pacto, todo incentivo terrenal era como paja podrida, en el juicio de aquellos cuyos ojos abrazaban el mundo de gloria y descansaban en el Señor.

Doscientos ministros Pactantes aceptaron calladamente la pena. En el último Día de Reposo de octubre 31, del año1662, ellos predicaron sus sermones de despedida. Las iglesias estaban llenas; el dolor del pueblo era indescriptible, gemidos de corazón prorrumpían en lamentaciones fuertes. «Nunca se había presenciado un día tan triste en Escocia como cuando estos desafortunados y perseguidos ministros se despidieron de su pueblo». Otros doscientos se mantuvieron firmes y lucharon en la batalla un poco más de tiempo. Estos fueron expulsados violentamente. Así ese estallido asolador derribó cuatrocientas congregaciones de Covenanters.

El ministro con su esposa y niños salieron en profunda tristeza de la agradable casa parroquial despidiéndose de su amoroso pueblo. Vínculos tiernos fueron rotos y el cariño sacrosanto fue sacrificado; los consuelos de la vida fueron abandonados, y la seguridad, el refugio, y provisiones dejadas atrás. El ministro podría haber retenido todo esto si su conciencia no hubiese sido tan sensible. Pero el siervo del Señor no puede ser sobornado. Ofrézcasele al ministro verdadero de Jesucristo dinero, comodidades, placeres, honores, casas, tierras – todo lo que el mundo puede dar para corromper la conciencia en su llamamiento, y lo único que dará a cambio será un desdén de desprecio que congelará la sangre.

Las tempestades invernales descendían sobre el hombre de Dios y sobre su familia desamparada, mientras que pasaban a través de la propiedad eclesiástica para no volver más. Ellos salieron, sin saber a donde se dirigían. La noche puede caer sobre ellos en un lugar triste; el día de mañana puede venir sobre ellos sin techo, sin alimentos, o sin fuego para calentarse. El invierno puede conducirlos a una cueva fría, donde posiblemente una generosa esposa de algún pastor los puede encontrar, y compartir sin quejarse con ellos su balde de leche y sus bizcochos de avena. Sufrieron con gozo el despojo de sus bienes por amor a Cristo. Estimaron mejor el vituperio de Cristo que las riquezas de Egipto.

Alexander Peden fue uno de esos ministros luchadores. El predicó hasta que fue forzado a dejar su púlpito. En el día de su servicio de despedida su congregación se hallaba envuelta de pesadumbre. Alexander Peden tuvo que refrenar los gemidos de la congregación una y otra vez. Bajando del púlpito después de que el servicio terminó, cerró la puerta del púlpito y lo golpeó tres veces con su Biblia, diciendo con gran énfasis, «Te mando, en el nombre de mi Maestro, que ningún hombre entre jamás, mas que sólo por la puerta como yo he hecho». El púlpito mantuvo ese mandato solemne; nadie entró allí hasta después de la persecución; permaneció vacío veintiséis años.

Los ministros prelaticos fueron enviados para suplir los 400 púlpitos vacíos, pero el pueblo se negó a oírlos. El tiempo de predicar por los campos había llegado; los conventículos por los montes y praderas llegaron a ser la costumbre de ese tiempo.

El ministerio del Evangelio de Jesucristo – ese río de Dios que alegra la ciudad del Señor – ahora había alcanzado los lugares escarpados donde fue esparcido sobre las piedras; pero continuaba fluyendo, e incluso aumentó en tamaño y fuerza. La predicación por estos ministros en lugares desolados era poderosa, apasionada, majestuosa, como voz de trueno entre los montes, que hacía temblar el reino. Grandes pruebas producen grandes hombres.

Vivimos en una época de pocas demandas. Los ministros ahora pueden tener púlpitos y salarios en términos fáciles. Ellos pueden guardar una buena conciencia que no requiere una abnegación excepcional. No hay asuntos providenciales que ahora separe lo falso de lo verdadero. Pero la comodidad de conciencia en el ministerio de la Iglesia, y en los términos fáciles de comunión en su membresía, puede cambiar el oro de Dios y enmohecerlo con escoria, y así hacer necesario que lo pase por el horno. El Señor puede de repente traer un acontecimiento sobre Su Iglesia, que obligará a los verdaderos mostrar su verdad, y a los falsos su gran falsedad. ¿Dónde nos encontraremos cuando venga la prueba?  –traducido por Joel Chairez

http://www.presbiterianoreformado.org/historia/pactantes%2021-30.php

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Un esquema de la vida de

John Knox (1514-1572)

por J.C. McFeeters

tomado de su obra:

Historia de los Pactantes Escoceses

Juan Knox Predicando en St Andrews

Juan Knox Predicando en St Andrews

«La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia.» Este dicho escarlata es una verdad imponente. «Si seguís quemándolos,» dijo en manera poco corriente uno que había presenciado los efectos sobre la opinión publica del martirio de George Wishart, «quemadlos en vuestros calabozos, pues el humo infecta [atrae] a todos los que alcanza.»

John Knox era para ese tiempo un joven que se estaba preparando para servir en el sacerdocio de Roma. El llegó a conocer a Wishart y a sentir el ardor de su corazón radiante y el vigor de su compañerismo inspirador. Knox fue un hombre dotado con habilidades naturales eminentes acompañadas con una buena educación. Era reconocido como uno que sería un valeroso campeón en cualquier lado que tomase. Dios fue rico en misericordia para con Escocia cuando hizo que el Evangelio resplandeciese en el corazón de Knox, dándole «la luz del evangelio de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.» Su intelecto imponente, por el estudio de la Palabra de Dios, abrazó la gloria renaciente de la Reforma, como cuando una montaña abraza los primeros rayos del sol que está saliendo. El rompió con todo lazo que lo ataba con el papado, y entró en la libertad de los hijos de Dios en el poder del Espíritu Santo.

Cuando Knox recibió su primer llamado para ser pastor, se vio abrumado con ansiedad ante la responsabilidad enorme de predicar el Evangelio. Se mantuvo atónito, pero no podía rehusar. Su humildad y la humillación de si mismo lo prepararon, por medio de la gracia del Señor Jesucristo, para confrontar las alturas de poder y honor que raras veces alcanza cualquier ministro. Desde ese día crucial dedicó todas sus energías de cuerpo y alma en la predicación de la Palabra de Dios. Sus servicios públicos se extendieron por un cuarto de siglo.

Este hombre poderoso de gran valor se lanzo inmediatamente a lo más espeso de lucha contra el Romanismo. El dio el golpe contra la raíz del mal. En vez de disminuir el vigor con ritos, ceremonias, y la perversión de doctrinas, el valerosamente retó todo el sistema del papado afirmando ser el Anticristo, y al Papa como «El hombre de pecado.» En su estima la Iglesia de Roma era Iglesia caída y se había convertido en «La Sinagoga de Satanás.» El se lanzó al campo de batalla vestido con toda la armadura de Dios empuñando la espada del Espíritu con destreza y resultados formidables. El secreto de su poder yacía en la oración. El sabía cómo luchar con Dios en la oración y prevalecer como un príncipe. La reina gobernante, quien en esos tiempos controlaba las fuerzas del gobierno a su gusto, dijo, «Tengo más miedo de las oraciones de John Knox que de cualquier ejercito de diez mil hombres.»

El mismo nombre de Knox era suficiente para sobrecoger con terror el corazón de sus enemigos. En una ocasión, habiendo estado en Ginebra por algún tiempo, regreso inesperadamente. Entre tanto un número de ministros reformados, que habían sido arrestados por predicar contra el papado, estaban por ser juzgados. La corte se había reunido y estaban ocupados en los actos preliminares. De repente un mensajero entró apresurado y sin aliento al ayuntamiento de justicia, exclamando, «¡John Knox! ¡John Knox ha llegado! ¡Anoche durmió en Edingburgo!» La corte se quedo atónita e inmediatamente fue aplazada.

La vida de Knox muchas veces estaba en peligro. Una vez mientras leía a la luz de una vela sentada en su cuarto le fue disparado un tiro desde la calle a través de la ventana. El tiro entró sin hacerle ningún daño dándole a la vela.

En cierta ocasión recibió una petición de predicar en una ciudad que se consideraba un baluarte del romanismo. Aceptó, alegre por la oportunidad, sabiendo también del peligro. El arzobispo de la ciudad, teniendo un ejército a su mando, le envió a Knox una advertencia, diciendo, que si predicaba, los soldados recibirían órdenes de dispararle. Sus amigos le rogaban que no fuera. El les respondió, «En cuanto al temor del peligro que me pueda venir ninguno se preocupe, pues mi vida esta bajo el cuidado de Aquel cuya gloria busco. Yo no deseo la mano ni el arma de cualquier hombre para que me defienda. Todo lo que pido es audiencia, la cual, si se me niega aquí y ahora, debo buscarla más allá donde pueda encontrarla.» Salió y predicó y regresó sin ningún daño. Su gran valor se infundió en el corazón de otros, y una multitud de hombres indomables se sostuvieron firmes con él en la lucha a favor de la libertad y de la conciencia, que sin temor alguno él defendía. Toda vida sublime es una fuerza poderosa para levantar a otros en la misma región de acción saludable.

El trono de Escocia, con su sistema gubernamental, estuvo contra Knox todos sus días. La reina María estaba resuelta en mantener al pueblo sujeto a su voluntad déspota. Knox tuvo varias entrevistas personales con ella, arriesgando su vida para hablarle abierta y solemnemente, aplicando la Palabra de Dios a la vida y consciencia de ella. En cierta ocasión, mientras protestaba contra su furor perseguidor, le dijo, «Aún así, señora dama, si aquellos que están en autoridad, les da un ataque de locura y matan a los hijos (quienes son sus súbditos) de Dios, la espada puede arrebatarse de ellos, y aún pueden ser encarcelados hasta que recuperen su dominio propio.» La reina se quedo atónita mientras que su rostro cambiaba de color, pero no tenía poder alguno para hacerle daño.

Mientras que John Knox vivió, la Iglesia de la Reforma creció en una manera rápida y llegó a ser imponente en números e influencia. La primera Asamblea General se llevó a cabo en 1560, teniendo 6 ministros y otros 32 miembros, 38 en total. En 1567, solo siete años más tarde, la Asamblea numeraba 252 ministros, 467 lectores, y 154 exhortadores [predicadores laicos]. Esto, también, fue en un tiempo de angustia las condiciones eran adversas, y la oposición era muy poderosa. ¿Cuál fue la causa del éxito? «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.»

La Iglesia contendía por la supremacía del Señor Jesucristo, aún hasta la muerte.

La Iglesia proseguía sin desviarse el curso que se le señaló en la Palabra de Dios, en doctrina, en adoración, y en disciplina, sin importarle el costo y sin temer las consecuencias.

La Iglesia rehusó ser guiada por la sabiduría humana o por métodos pérfidos o traicioneros (ya fuese para ganar números o para obtener gracia), sino que dependía para su éxito en la sabiduría que viene de arriba.

La Iglesia procuró glorificar a Dios con sencillez de fe, santidad de vida, pureza en la adoración, y lealtad al Señor Jesucristo. De esto procedió su fuerza indomable, los logros maravillosos, las magnificas victorias, y el crecimiento sorprendente. ¿Acaso la Iglesia de Cristo no obtendría semejantes cosas si siguiese el mismo curso de fidelidad en nuestros propios tiempos?

John Knox murió en 1572, a la edad de 67 años. Sus últimas palabras fueron, «Ven, Señor Jesús, dulce Jesús; recibe mi espíritu.» El fin de su vida fue paz.

¿Procuraremos imitar a Knox en la oración, en el valor, en la abnegación, y en la sencillez de corazón? ¿Acaso su ejemplo no nos será una inspiración para trabajar con fe y con fuerza, para edificar la Iglesia y extender el Reino de Jesucristo? Knox fue grande porque fue humilde y confió en el Señor. El mismo camino aún está abierto a todos aquellos que quieran hacer cosas grandes para Dios. La humildad, la oración, la fe, la actividad, al valor, el honor, la gloria – estos son los paso sucesivos hacía arriba. Aún hay lugar en esos sitios de honor. El sitio de John Knox parece estar vacío. ¿Quién lo llenará? ¡Qué oportunidad para los jóvenes para que pongan en acción sus facultades más nobles!

-traducido por Joel Chairez

diacono de la Iglesia Reformada Presbiteriana

en Los Angeles, CA

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Juan Calvino, el Restaurador del Presbiterianismo

[Autor Original Desconocido – siglo 19]



Es evidente de la reseña anterior que en ninguna parte de la Cristiandad la primera generación de reformadores se propuso, con esfuerzo inteligente y persistente, en restaurar el gobierno perdido de la Iglesia.  Ellos regresaron a la Biblia para la pureza de doctrina, y para una medida de pureza en la adoración, pero no acudieron allí para encontrar un modelo para reformar el gobierno de la Iglesia. Ellos no creyeron que había alguna necesidad urgente de reforma en este respeto.  Ellos no consideraron el gobierno de iglesia como una materia de gran importancia.  Su primera preocupación era huir de la tiranía del papado, y dar al pueblo nuevamente el Evangelio puro.  Algunos estaban preparados para aceptar cualquier forma de gobierno que pareciese ser el más conveniente; otros estaban dispuestos a dejar el asunto generalmente para que fuese determinado por las exigencias del futuro; y aún otros estuvieron dispuestos a no definir la forma visible [de gobierno] para la Iglesia, sino considerar la religión simplemente como una parte del estado.

Juan Calvino, el Restaurador de Presbiterianismo

El mismo gran reformador, a quien estamos tan endeudados por nuestro el sistema lógico de doctrina, tiene derecho para ser reconocido como el autor del sistema restaurado de nuestro gobierno.  Él parece haber sentido, casi a partir del primer momento que arrojó su suerte con la Reforma, que había una necesidad urgente de un plan bien ordenado de gobierno en la casa de Dios.  Él percibió que el fruto de la predicación evangélica no podía recogerse y conservarse sin trazar la línea divisora entre la Iglesia y el mundo; que el testimonio de una vida santa no podía darse a favor del evangelio sin el ejercicio de la disciplina; y que el poder de la fe reformada no podía ser eficaz para una evangelización agresiva sin una organización claramente definida e independiente.

El reino de Cristo, aunque no es de este mundo, está sin embargo en este mundo, y está aquí con propósitos de conquista.  Por consiguiente, debe tener una forma visible, y para poder tener esto sus límites y poderes deben señalarse claramente.  Juan Calvino acudió directamente a la Biblia para trazar el modelo.  Él lo halló en las formas sencillas presbiterales prescritas y practicadas por los apóstoles.  Él dedicó una sexta parte de su gran obra, La Institución de la Religión Cristiana, al tema del gobierno de la iglesia; y si no trazó todos sus matices con una exactitud justa, por lo menos descubrió los principios esenciales.

Habiendo descubierto éstos principios, él se determinó con toda la obstinación de su voluntad inflexible en darles un resultado práctico. Este su esfuerzo para establecer el gobierno de Iglesia fue lo que lo trajo en conflicto con las autoridades civiles.  Si él se hubiese limitado simplemente “a predicar la palabra… amonestar, reprender, y exhortar con toda paciencia y doctrina,” el curso de su vida podría haber fluido tranquilamente.  Este su intento de constituir la corte eclesiástica como un tribunal independiente, libre del control del estado civil, fue lo que provocó el conflicto; y en este conflicto fue en donde el heroísmo sublime de su carácter que fue sacado a luz.  Por quince años Calvino emprendió una guerra incierta, a menudo poniendo su vida en peligro, y sólo nueve años antes de su muerte obtuvo la victoria final.  Grande como haya sido el servicio que dio a la iglesia reformada como teólogo, no menos grande fue el servicio que dio como eclesiástico.

Influencia del Presbiterianismo Restaurado

 

Al restaurar el gobierno bíblico del presbiterio, Calvino le dio al laico la porción completa de la media parte en el gobierno de la Iglesia. Un resultado de esto fue en traer una unión entre el predicador y el pueblo, y disipar la idea del carácter sacerdotal del clero.  Otro resultado fue enseñar a los hombres a gobernarse a sí mismos, y así comenzar un movimiento (que aún no se ha gastado) para derrocar todo movimiento de tiranías.  La influencia de Calvino en la historia política y civil de muchas naciones es reconocida por los principales historiadores de nuestro día.  Esta influencia se debió no solo al sistema de doctrina que él enseñó, sino también, y quizás podríamos decir principalmente, a la forma republicana de gobierno que él proveyó para la Iglesia. “Él reivindicó,” dice Fisher,”el derecho de la Iglesia a efectuar sus propias funciones sin la interferencia del estado civil.  La Iglesia, de esta manera, llegó a ser la nodriza de la libertad.  Dondequiera que el Calvinismo se extendió — ya sea en Inglaterra, Escocia, Holanda, o Francia — los hombres aprendieron a defender sus derechos contra los gobernantes civiles.”  Aunque no se sostiene que Calvino apoyó personalmente la libertad que comúnmente era tan popular, aún así es evidente que las naciones libres de hoy son aquellas en las cuales sus enseñanzas tomaron la raíz más profunda, y rindieron la cosecha más grande.

Traducción del ingles por Joel Chairez

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Ha llegado el tiempo cuando la mayoría de las iglesias que descienden de la gran reforma protestante van a celebrar tal evento. ¡Y qué gran evento! y gran providencia misericordiosa de Dios, ¿no?  La liberación de las ceremonias y ritos de la iglesia católica romana.  Ceremonias y ritos los cuales pervirtieron los mandamientos, la revelación y la soberanía de Dios.  Dios ya había decretado sus mandamientos sobre la manera apropiada de rendirle culto en Su revelación, la Biblia.  Él ya había, plenamente, mostrado la manera de salvación para el ser humano, —por la fe solamente, en Cristo Jesús solamente.  Si la ley de Dios nunca fue decretada para ser instrumento de justificación, mucho menos las leyes del papado y de cualquier otro ser humano, no obstante su posición en la Iglesia universal.  Jesucristo plenamente se declara la cabeza y el soberano de Su Iglesia, Su esposa.  Él estableció la cantidad de sacramentos (2), su manera de dispensación y las cualificaciones para recibir estos medios de gracia.  Él, y solamente Él, gobierna la Iglesia y tiene y mantiene el derecho divino sobre el gobierno eclesiástico.

La Iglesia de Roma pervirtió todo esto. El papado se atrevió a declararse cabeza de la Iglesia.  Tuvo la audacia de introducir innovaciones humanas al culto de Dios sin el permiso de Jesucristo, la Cabeza y el soberano de Su iglesia.  Habló palabras fuertes declarándose el vicario de Jesucristo; y sus soldados, los sacerdotes, los únicos que tenían acceso a Cristo y al Padre, ignorando que el Padre había roto el velo desde arriba hacia abajo.  Luego la abominación de jalar a Cristo del cielo y encerrarlo en la hostia y vino y haciendo a la gente adorar lo que Dios nunca mando.

Pero hubieron los que resistieron a la bestia.

los valdenses

Dios ya había levantado sus testigos cientos de años antes de Martín Lutero.  Los valdenses, nombrados después de Pedro Valdo, vivieron en el sur de Francia y norte de Italia.  Ellos declararon que el papa de Roma no era el vicario de Cristo, rechazaron la misa y mantuvieron la doctrina de la justificación por fe solamente en Cristo.  Cuando vinieron los sacerdotes de Roma a los territorios de los valdenses, fueron resistidos tal resistencia trajo persecución.  Las primeras cruzadas no fueron contra los musulmanes, sino contra los valdenses.  Tuvieron que esconderse en cuevas, en montes y reunirse en secreto, para adorar a Dios bíblicamente y escapar la autoridad del papa.

Wycliffe traduciendo la Biblia al inglés

Un siglo después Jesucristo levanto a otro testigo, Juan Wycliffe en Inglaterra.  Él fue el primero de traducir la Biblia al inglés.  El rechazo la misa, la autoridad del papa,  mantuvo que uno es declarado justo por fe solamente en Cristo solamente y que el papa es el anticristo.  El no tuvo temor de ir a predicar el evangelio sobre Inglaterra.  Muchos sacerdotes se convirtieron a Cristo, el evangelio comenzó a derramarse sobre Inglaterra.  Los enemigos de Cristo, la iglesia de Roma, los llamo los lolardos.

Juan Hus

En el país de Bohemia Dios levanta a otro testigo del evangelio verdadero luego después de Juan Wycliffe y los lolardos.  Igual como los valdenses y los lolardos antes de él, Juan Hus mantuvo la fe de Cristo. Sus seguidores fueron llamados los husitas. Cuando le pusieron en la fogata para quemarlo, dio una profecía.  Dijo, «Así como silencias a un ganso, pero entre en cien años se levantara un cisne cuyo canto ustedes no podrán ser capaces de silenciar.»  Es notable saber que Hus, en su idioma, significa ganso. ¿Y qué de esta profecía?  Fue mártir en el año 1415. ¿Qué pues sucedió después de cien años?  ¿Quién fue éste cisne?

Clavando los 95 tesís

En el 31 de octubre 1517, ciento dos años después del martirio de Juan Hus, Lutero clavo sus 95 tesis en Alemania.  Lutero es famoso, por tantas cosas, entre ellas la declaración que la Iglesia se sostiene o cae ante la doctrina de la justificación por fe solamente.  Por el martirio de Hus, no pudieron hacer lo mismo tan fácilmente a Lutero y él tuvo la oportunidad de declarar el evangelio ante el gran Emperador Carlos V, rey de España, de Alemania y emperador del Sacro Imperio Romano.  Pero Lutero no pudo sacudirse de todos los abusos de la Iglesia de Roma.  El mantuvo una doctrina de la eucaristía modificada, la cual resultaría en prevenir una unión universal entre los protestantes.  Su doctrina de la eucaristía se llamo la consubstanciación.  Además de esto su posición sobre el culto de Dios no era totalmente de acuerdo con la Palabra de Dios.  Lutero mantuvo que si algún acto de rendir culto a Dios no era prohibido por la Palabra, era permitida en el culto.  Estas dos posiciones no dejo realizar una unión protestante.  Sin embargo, Dios había levantado otro testigo a la vez de Lutero, el fue Ulrico Zwinglio.  Éste reformador fue el primero en declarar que la Biblia era la única autoridad de la fe y práctica y cualquier doctrina y práctica en el culto de Dios o vida de la Iglesia tenía que estar bien establecida en la Palabra de Dios.  Además rechazo la doctrina de Lutero, la consubstanciación.

Los dos pasaron horas y días tratando de sobrepasar sus diferencias. Zwinglio plenamente mostró que la doctrina de la consubstanciación no era bíblica.  Pero Lutero no quiso oír y no pudo defender su doctrina y termino las juntas declarando, «éste es mi cuerpo» y despidiéndose de Zwinglio le dijo «tú no eres un cristiano». Se fue dejando a Zwinglio en lágrimas.  Zwinglio clamo a Lutero en  regresar y abrasarle como hermano en Cristo pero Lutero lo ignoro.

Ulrico Zwinglio

Cuando murió Zwinglio en una batalla contra los católicos-romanos y llego a enterarse Lutero el cual rompió en lágrimas y declaro «un gran hombre de Dios, mi hermano amado, ahora esta en el cielo con Cristo.  Pronto estaré con él en unión.»

Las doctrinas de Zwinglio fueron las bases de los calvinistas.  Calvino, Viret y Beza creyeron casi lo mismo con Zwinglio acerca de la Santa Cena y el culto de Dios.  Después Dios  levantaria hombres y obreros más fieles a la Palabra de Dios.  Más fieles que Lutero.

Monumento de los reformadores

Luego en el siglo XVI y XVII la reforma protestante de parte de los calvinistas tomo el liderazgo en reformar la Iglesia.  En Escocia la luz del evangelio, los avances de la reforma y la piedad cristiana serían el ejemplo más puro y fiel a la Palabra de Dios que iban a imitar las otras iglesias reformadas. Fue en la Iglesia de Escocia de los siglos XVI, XVII y XVIII dónde el culto de Dios fue más fiel, el evangelio bien establecido y el derecho divino de Cristo en el gobierno de Su Iglesia bien formado ya que el presbiterianismo, mandado por Dios fue reconocido como la manera bíblica de gobernar la Iglesia.  Los sacramentos fueron librados de los abusos, supersticiones y tonterías que la Iglesia de Roma, de Inglaterra y de los luteranos habían introducido.  El día del Señor, el sábado cristiano, fue observado con toda reverencia y solemnidad, en contraste con la práctica de la mayoría de los cristianos de hoy en día, incluso en supuestas iglesias reformadas y presbiterianas.

¿Cuáles pues son las lecciones para los calvinistas de hoy?  Lo digo, como Zwinglio, un examen intenso y profundo de todas nuestras doctrinas queridas y de nuestras prácticas cristianas que ahora tienen raíces profundas entre nosotros.  Todo el que falla tal examen, aunque duela mucho y sea duro de hacer, tenemos que arrancarlas de la Iglesia de Cristo y de entre nosotros. Y regresar a la pureza de la Palabra de Dios, así como lo lograron las Iglesias reformadas de Escocia, Ginebra, Francia y entre los suecos.  Los estándares ORIGINALES de Westminster, ignorados por muchos, muestran una madurez profunda de los reformadores, hermano conozcámoslo de nuevo.

Los cristianos fieles, como los valdenses, los lolardos, los husitas y los reformadores nunca tuvieron un tiempo fácil en su obra de reforma.  Más bien tuvieron siempre que estar atentos de sus enemigos, quienes quisieron matarlos. Además debajo de amenazas de muerte y de los corazones duros del pueblo;  la obra de arrancar raíces muy profundas dentro de la Iglesia y en la gente, ellos obraron en el poder de Cristo y vencieron.  Si nos dedicamos a la Palabra de Dios para conformar todo a ello, la Iglesia será más bella y pura de lo que es hoy en día.  Es tiempo de regresar a los logros de la Reforma y de allí seguir en las cosas de Dios, derramando el evangelio sobre la faz del mundo.

Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos á cuchillo; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;

De los cuales el mundo no era digno; perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

Y todos éstos, aprobados por testimonio de la fe, no recibieron la promesa;

Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen perfeccionados sin nosotros. POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta,

Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse á la diestra del trono de Dios. Hebreos 11:37 – 12:2 RVR 1909.

 

 

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