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Archive for 6 marzo 2016

Unas etiquetas para el culto o para reuniones

Por Edgar A Ibarra Jr

La Oración

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«¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación…Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero.  Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados…pero hágase todo decentemente y con orden», 1 Corintios 14:26-31, 40.

 

Hermanos, la base de estos versos es que: una persona a la vez debería hablar o expresarse y que los demás se queden en silencio.  Ahora bien, que vivimos después de la cesación de los dones espirituales extraordinarias, el pastor predomina en el hablar en un culto.  Pero, ¿qué sucede cuando comienza la oración? ¿Esta orando el Pastor solamente (o un líder de la reunión) o todos comenzamos, con voces audibles, a orar junto con él?  En otras palabras, ¿estamos hablando o «orando» con él en voz alta diciendo «si Señor», o repitiendo las palabras del pastor?

 

El principio de los versos citados nos enseña que no deberíamos participar en una oración con voz alta o audibles pero en silencio seguir y participar en tal oración. Cuando la congregación o los hermanos reunidos en una reunión levantan voz en el tiempo de oración tal acción trae más bulla y desorden que edificación.  Esta práctica es la de los pentecostales y no es una práctica bíblica.  Las iglesias reformadas no deberían imitar las prácticas de los pentecostales porque la mayoría de estas son en contra las Escrituras.

 

Cuando el pastor ora no levantemos nuestras voces, pero digamos nuestro «amen» al final de la oración. Una sola voz se debería escuchar no una multitud, «Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero».  Esto no quita la edificación sino la mantiene.  ¿Cuántas veces se oye a una persona entre el grupo comenzar su propia oración a la misma vez del pastor o del líder?  ¿Qué no trae tal cosa confusión y división? ¡Claro que si!  Es una distracción y cuando se concluye la oración con el «amen» ¿a cuál oración se está diciendo «amen»?  Cuando mantenemos silencio en la oración estamos dejando que el pastor sea nuestra boca y voz (o vocero) a Dios y estamos participando de esta manera en la oración con silencio con una voz levantado a Dios.

 

Pablo nos dice que deberíamos hacer «todo decentemente y con orden».  Hermanos, es una dura costumbre para quebrar (todos orando a la vez con el pastor con voces audibles), pero se debería quebrar y seguir los principios de la doctrina y práctica del Apóstol, quien fue el instrumento que el Señor Jesucristo, la cabeza de la Iglesia, nos mandó.

 

 

De la Reunión de la Congregación y de su Conducta en la Adoración Pública de Dios

(Tomado del Directorio para la adoración pública de Dios producido por la asamblea de Westminster)

public worship

Cuando la congregación se va a reunir para la adoración pública, todo el pueblo (habiendo preparado previamente sus corazones) debe venir y unirse para esto; sin ausentarse de las ordenanzas públicas por causa de negligencia, o por pretensión de mantener reuniones privadas.

Que todos entren a la reunión, no irreverentemente, sino en una manera solemne y apropiada, tomando sus asientos o lugares sin adoración, sin hacer reverencia hacia uno ú otro lugar.

Hallándose la congregación reunida, el ministro, después de un llamamiento solemne para la adoración del gran nombre de Dios, debe comenzar en oración

Reconociendo con toda reverencia y humildad la incomprensible grandeza y majestad del Señor, (en cuya presencia se presentan en ese momento de manera especial), y también su propia vileza e indignidad para acercarse a Él, junto con su absoluta incapacidad para cumplir con obra tan grande; y suplicando humildemente al Señor por perdón, ayuda y aceptación, en toda la adoración que se llevará a cabo; y por una bendición sobre esa porción particular de su Palabra que será leída; y todo en el nombre y por medio del Señor Jesucristo.

Habiendo comenzado la adoración pública, la gente tiene que centrar su atención en la adoración, absteniéndose de leer cualquier cosa, excepto lo que el ministro esté leyendo o citando; y absteniéndose de todo susurro en privado, pláticas, saludos, o de hacer reverencia a cualquier persona presente o que entre; así como también abstenerse de miradas maleducadas, dormirse y de otros comportamientos indecentes que puedan interrumpir al ministro o a la gente, y molestar a otros en la adoración del Señor.

Si cualquiera, por necesidad, no puede estar presente desde el principio, éste no debe, cuando entra a la reunión, dedicarse a sus devociones privadas, sino con reverencia sosegarse para unirse con el resto de la congregación en la ordenanza de Dios que se está llevando a cabo en ese momento.

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